martes, 18 de abril de 2017

Limerencia

Lunas quietas atisban la niebla
en los latentes ecos de tu aroma,
se van bailando las horas
del sueño inquieto
y se ven blancas tus manos
entre tus labios de sangría.

Esas graciosas risitas desatinadas
a mis tímidas palabras
se te ven tiernas como algodón,
una mentirosa atención en tus ojos
me deja claro lo mutuo del acuerdo.

Suavemente sollozan las estrellas
un rocío pasajero en el frío
y tus manos, tomadas de las mías,
buscan paz como raíces secando.

Son indelebles esas noches
cuando amanece tu piel blanda
al compás níveo de mis besos;
sin las termales fuentes de tu voz
yo no sería lo que soy...
y sin mi compañía
¿a quién se comería tu basto amor?

Autor de la imagen: Revista Jícara.
Especial agradecimiento a Henry Waight por su magnífica interpretación ilustrada.