domingo, 1 de mayo de 2022

Pedir una llamada

Asemejar las manos
como en gesto solemne
por una sagrada audiencia
desde un amor caducado
con vista a un paraíso
sin poder pagarlo,
es pedir una llamada
desde un teléfono sin saldo
fuera del área de cobertura.

Detrás de la taza de café


Para Maritza

Tu sonrisa detrás de la taza de café
con ese cabello alargándose como gotas de miel,
quedándose en mi mente.

Sabes estar ahí tan a solas como solo tú,
con esos lunares ocultos y disonantes
que se chocan contrastados con los míos.

Tu jodida y maldita sonrisa
arropada detrás de una nueva taza de café,
cuánto odio y cuántos celos por llegar así a tu boca.

A esos ojos felinos asomando por encima
le sobra atención sobre mí,
así como a esos dedos tibios y acalorados
les falta una mano como la mía sin que lo pidas.

Ya me he enterado que te has pedido la cuenta,
que la nívea tarde te lleva consigo,
que esas pecas lejanas bajo tu cuello se escapan,
que vas para no volver a coincidir.

Ahora me iré con vos sin que lo sepas con certeza,
aunque me quedé en mi silla,
dudando sobre que tanto de mí te llevaste.

¡Sé que siquiera con acercarme
esa taza vacía que dejaste huérfana de tus besos
ahora mismo me bastaría
para recuperar algo de la vida
que se esfumo con mis largos, callados y torpes
suspiros por vos!

Pero no pienso pelearme con el mesero
ni con las nubes que guardan lluvia,
te voy a dejar ir sonriendo sin voltear a verme,
como dejé ir la ocasión de tu taza,
feliz de haber respirado sincronizado contigo
y por una última vez,
la misma cafeína en el mismo aire.

sábado, 30 de abril de 2022

Enumeración de contrastes para no seguir juntos porque ya tenemos otros amores

Sobrevaloramos los vuelos
poniendo en duda la visa y el pasaporte,
porque el placer y el egoísmo
nos convencían a medias de continuar
sin poner mutuo acuerdo previo;
yo tan búho y vos tan colibrí.

A las citas de la mañana
les esperaba siempre una alarma
que a vos te revivía y a mí me sangraba,
a falta de congeniar horarios
nos alcanza la indiferencia;
yo a la cafetera y vos a la discoteca.

De los buques de promesas
solo quedan cascos náufragos,
no veo permiso ni perdón
en los ojos de nuestro cariño acostumbrado,
solo llanto sin recompensa;
yo buscando crisantemo y vos recibiendo tulipán.

Las segundas partes no suelen servir
más que para herir más profundo,
a las pampas y los valles disonantes
que se ven en nuestras fotografías
solo les faltó un empujón para quedar tristes;
yo yendo al altiplano y vos quedándote en la playa.

Si me preguntaras ahora
sobre las rutinas amorosas y los mensajes
que nos dimos con temerosa dosis,
diría que les faltó sinceridad
como si fueran tatuajes que les faltara tinta;
yo volviendo de Cartagena y vos huyendo a Santo Domingo.

Y a la reiterada enumeración de contrastes
para no seguir juntos
porque ya tenemos otros amores,
la alcanzó este final detrás del telón:
yo encontrando milagrosa puerta y vos defenestrando todas tus ganas.

Compilado de instrucciones para sobrevivir a las lluvias de verano

En un (des)orden:

Agitar el vaso,
romper la bolsa,
jugar al ajedrez solo,
perdonar al jefe,
retorcer la ropa blanca,
barrer bajo la alfombra,
mandar a la mierda el decorado,
volver a poner el decorado,
empujar la basura hasta abajo,
                               más abajo,
                                   bien abajo,
joder las tuberías,
jugar al plomero,
lavar la sartén,
restregarse la vida,
quitarse el sinsentido de la pereza,
ver la nueva serie,
bailar sin música,
bailar con algo de música,
                              luego solo la música,
llorar con fuerza cuando más cae el agua,
cegar la tristeza,
ahogar el calor en bebidas sin alcohol,
                              después solo el alcohol,
sincerarse frente a la consola,
sincerarse frente al procesador,
cortinas para la ventana con agujeros,
quitarse los zapatos,
andar sin camisa,
poner a secar la ropa,
buscar la hora para la cocina,
toparse con polvo,
olvidar el llanto,
                las amistades,
                               el paraíso de estar lejos
                                                             de todo y todos.

domingo, 3 de abril de 2022

Sobre la (des)huida de un padre

En otro tiempo hubiera utilizado la alegoría de los leones. La verdad es que importa poco la idea ahora que ha cuajado mejor en mi cabeza. Resuena casi ridículo tener que explayarme en acotaciones mediocres del drama innecesario que estoy por iniciar.

La fragilidad de la masculinidad parece cohibirme siempre que saco el tema entre mis círculos de confianza, o quizás es algo más relacionado al complejo de Edipo... como sea, no creo ser yo el mejor terapeuta para mis pensamientos lastimeros e indescifrables.

La situación es la siguiente: mi padre se ha marchado. El hombre con el que comparto un nombre y un apellido, una distancia temporal de 25 años y gran parte de mi genética, se fue.

He sopesado si acaso lo alejó mi 'yo adolescente', (no el adulto en el que me he convertido, como si de una expiación de culpa se tratase). Durante aquellos años, mi indiferencia creó un muro casi impenetrable de comunicación fallida entre él y yo. Los problemas de temperamento y conducta fueron un perfecto abono. Pero hablando de perfección, no está de más pensar en mi necesidad de aprobación que me fuera implantada durante mi infancia. Algo de culpa tuve yo y tuvo él... y mi madre de pronto también...

En realidad, no debería engañarme a mí mismo. Es el estúpido sistema el causante de su huida. Este país sin oportunidades fue lo que lo despachó al extranjero en búsqueda de superación económica, laboral y social. Porque para ser adultos funcionales requerimos suplir nuestras necesidades básicas a punta de dinero en los bolsillos (esto lo escribo con cierto alivio de haber hallado un culpable externo a mi mala relación padre-hijo).

No obstante, sigue persiguiéndome "la mosca" de los leones. Pero, ¿no son los leones machos los encargados de marcar su territorio a base de fuerza y rugido? Yo jamás recuerdo haberme comportado así con mi padre, ni durante mi etapa de cachorro, ni durante mi juventud. Ahora adulto... me faltó valor para enfrentarlo, no iba a ser yo un infeliz malagradecido... creo...

A lo mejor tanto el sistema como alguno de mis 'yo' llevamos la misma carga de responsabilidad respecto a su escape. No me queda claro, ni deseo profanar más esta sucia tumba llamada 'consciencia'.

¡Y claro que le tengo estima! (Porque decir "amor" aún resuena duro para mi léxico y mi heterosexualidad humillada y humillante). Por más que le tenga un feo rencor por ponerme un nombre como el suyo... a poco el apellido sí está bonito. Supongo que solo el apellido no basta al ser progenitor... los leones sí matan cachorros, mas no a los suyos según tengo entendido... (¡ah, otra vez los félidos!).

Conciliar las memorias felices y seleccionarlas para recrearlas en mi cabeza también ha sido un trauma indeleble y bochornoso. Quiero a ese viejo, siempre lo he querido incluso cuando he dicho que lo odiaba. Lo que ahora veo más claro es que, cual espejo de la genética, tengo demasiado de él en mi forma de andar, mi manera de tomar decisiones, la ruidosa risa y quién sabe cuántas mañas más... es que no solo es el nombre ni el apellido.

Además, jamás supe dejarle claro que su cachorro creció, no tuve ocasión de hacerle saber que ya sabía rugir así de parecido a él. Y espero que no sea demasiado tarde como para volvernos a encontrar... sin la mediocre/certera excusa del sistema de por medio, entre nos y con el tiempo arrinconado de recuerdos recortados a conveniencia.

Espejo para pájaros

Los asimétricos golpecitos contra la ventana de nuevo. Quizá me causó una triste desilusión verlo atrapado en su imaginario, porque me dio tiempo de sentirme imitado en él... después de todo, ¿qué tan frecuente es hallar por dos días seguidos al mismo pájaro luchar contra el mismo vidrio?

Lo admiré por unos diez minutos esta segunda vez. Creo que es una especie de mantra por la hora del día que es. Ayer fue lo mismo. Picotea endiablado, poseído por el instinto visual que le provoca ver un similar espécimen al otro lado.

Deberían ser ilegales estos jodidos espejos para aves. ¿Quién va a querer ver tal antinaturalidad? ¿Aves golpearse contra cristales reiteradas ocasiones hasta el cansancio? ¿Hasta el hartazgo? ¿Hasta cuándo?

Como infernal prosopopeya me he convencido de que así nos vemos quienes tomamos el camino del capricho. Nuestra humana terquedad nos vuelve vulnerables al privarnos de raciocinio, casi diría que es una ceguera selectiva. Así de enfermos estamos fuera de nuestra conciencia, y la verdad es que no estoy seguro de saber en qué momento decidimos detenernos. ¡No somos especiales ni diferentes de ese jodido pajarito!

Y quién sabe para qué seres al otro lado de la ventana de nuestra miope existencia somos molestos... o el hazmerreír de un final de semana.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Otras veces hubo

Ojalá te llovieras bien,
te dejaras de caer a medias,
que fueras fuerte y torrencial,
coherente y cierta.

Ya otras veces hubo
en las que escribí sobre si lloviera
sin que hubiera falta de tu agua
copiosa y certera,
ahora parece no ser el caso.

A falta de tu pronta respuesta
me he puesto en huelga
para no tener que esperar más
de aquí en adelante.

Olvidaste cuando otras veces hubo
puestos que ocupar mojando,
hiriendo pechos blandos con tu gripe.

Y aunque sigas amenazando
con que ayer, mañana y hoy
te dejarás llevar por la gravedad
y la aceleración natural de la caída libre,
no pienso creerte como antes hiciera.

Detrás de ese aire friccionado,
nublado y malherido de grises
solo hay estrellas apagándose tristes,
así como nosotros debajo.

Fue hace mucho ya
cuando otras veces hubo...

viernes, 4 de marzo de 2022

Sin buzones ni carteros

En la línea del tiempo
han muerto ya todos los buzones y carteros
que saltaban al pasado.

Otros rezos han asaltado con violencia
los gritos que diera a mis otras vidas.

Se han mudado lejos las pasiones
de beberme el mundo;
los hilos rojos se cortaron sin percatarme;
los tulipanes de papel
naufragaron hacia mejores olvidos;
y las clases universitarias
que desembocaban en fiesta
tienen resaltador y borrador por igual.

Ya los espacios blancos
se ven menos anchos
y yo insisto en darle los créditos
a la sagrada cercanía con mi velorio.

Los libros manuscritos;
las canciones irreconocibles;
unos actos con honores breves;
ya las promesas febriles
(o los otoños imaginarios)
los repasaron hasta el hartazgo.

Cuerdas, pulseras, lonas
y hasta mis palabras envejecidas
se reconocen más ridículas ahora.

A falta de mensajes por paga
y correos sin rostro,
solo aprecio los dobleces amarillos
de cada indecisión tomada desde afuera.

El trauma de los ruidos de borracheras
junto a unas vacaciones cálidas
se juegan la apuesta de fotos sin fecha.

Hallé en hipnóticas enciclopedias de deseos
sobre temas gastados
que son un ancla de infancia,
no obstante,
sordas ante mis fuerzas de cambio,
no van de vuelta al río de la memoria
ni a los congelados juegos de mesa
que tanto conservé para mi egoísmo.

Labios al preludio de olores,
fusiles de tinta secando aún,
parques repletos de indiferencia amorosa,
jergas juveniles,
vientos de lástima,
cortinas floreadas de culpa
y mi engaño anual para no crecer,
cerraron cicatrices que deseé ya abrir otras tantas veces.

Siento, de pronto,
que la única certeza que me queda
es atravesarme con todos mis remordimientos
a la vez,
pues algo lograría transformar
en la inocencia triste de la que tanto reniego;
pero también sé
que no merezco aquello a lo que me aferré hasta hoy
ni porque sacrifique mis más íntimos apegos
ante las vueltas opuestas de unos relojes
y las equivocaciones detrás de estas manos.

Hay en estos dedos
unas desangradas intenciones
de acabar con los próximos amaneceres
de personas que no usarán mi apellido
ni mi idioma,
tampoco mis mañas.

Por lo que ausente de mi voluntad,
he ajustado mi brújula
hacia los bosques oscuros de mi futuro,
aún carente de sentido o esperanza.

Hay en mi despiadada naturaleza
todavía un atisbo de intuición
por luchar ya solo lo que importa.

Voy entendiendo que no hay salida fácil al dolor,
porque cuando duele, aquella mierda lo vale.

jueves, 17 de febrero de 2022

Xelajú, 22:01

Este satélite unitario e inconcluso
a trescientos ochenta y cuatro mil cuatrocientos kilómetros de mí,
me recuerda tu última sonrisa
a otros doscientos kilómetros ya de mí...

Xelajú, 23:59

Y si regreso a ti
no es solo por el capricho de quererlo así,
sino porque hay algo en mí
que lo siente de verdad necesario.

Sin título

A solo
doscientos kilómetros
de puro extrañarte.

16:40

Volver a la ciudad
que te enseñó a temer la calle,
los buses y el ruido;
un ataque de humo en la cara
tras otro;
como bala entrar
y sin balas esperar salir...

lunes, 7 de febrero de 2022

Lo (espeso) de nosotros

Lo de nosotro'
siempre es un "hasta pronto",
uno constante,
terso y meditabundo,
inyectao' como sedante...

Un siempre "ciao"
bastante kilometrao',
un espeso silencio
atrapao' entre nuestras miraá'.

Lo de nosotro'
siempre fue un "hasta pronto",
uno constante,
plomo cuasi-moribundo
inyectao' como sedante...

El beso a contrarreló',
el abrazo que se rebalsó,
la sonrisa en el llanto,
un nunca "adió'".

Lo de nosotro'
siempre será un "hasta pronto",
uno constante
de minutos sin segundo',
inyectao' como sedante...

Esa última frase
que atrapa rota' las gana'
de queré' a fondo
hasta el más recóndito aliento
de recordarno' sin más motivo'...

sábado, 29 de enero de 2022

Plana no. 431

Lo cumplí
la deuda quedó saldada,
pues este viernes no salí.

Me quedé varado esperando la noche,
otra noche como el animal ansioso
que conocés que soy.

Confié, como acostumbro hacerlo siempre,
abrí la cortina a la hora acordada
solo para confirmar lo que de vos ya esperaba.

No hubo luna desde mi ventana,
aunque paciente dormitaba y despertaba
para dejar entrar y salir solo el mismo aire amargo.

Ahora decime,
¿cómo hacértelo saber a vos
que no estás ni vendrás?

Yo ya pagué con mis ganas apagadas
con tu anochecida ausencia
y la austera mentira que traigo encima.

¿Por qué entonces insisto como insisto
en seguir tributándote con cada luna nueva?
Acaso habrá vacaciones para este castigo.

Las nubes persisten
y las estrellas se deben reír allá arriba y detrás,
¿vos también te reirás o no has recibido noticia mía aún?

El telón diurno sigue apagado
como aquel tu último cigarro,
pero siento tu lástima acariciarme inciertamente.

Tantas veces despreocupados,
indiferentes bien quedamos
o hicimos el amor silentes.

Sé que ahora es tu turno,
pero otras veces fui yo
quien prefirió quedarse callado por los dos.

Quizá hasta un 30 de noviembre responderás,
o quizá el año que viene...
el año que viene será, ¿verdad?...

Acuario

Para Isamar

A los luceros que llamas estrellas
les faltará brillo,
pero tú se los darás.

A las aguas que confundas con mar
les faltará inmensidad,
pero tú se la darás.

A los países en tus viajes
les faltará nombre,
pero tú se los darás.

A los llantos ocultos tras tu edad
les faltará ternura,
pero tú se la darás.

A los hombres que buscas de noche
les faltará amor,
pero tú se los darás.

A los bailes que no tengan música
les faltará alegría,
pero tú se la darás.

A los licores sin suficiente alcohol
les faltará sabor,
pero tú se los darás.

A las mentiras que crees necesidad
les faltará compañía,
pero tú se la darás.

A los lujos que tanto acariciaste
les faltará uso,
pero tú se los darás.

A las nueve vidas que cuentes como gatos
les faltará quizá todo lo que a ti te ha sobrado,
pero cuando preguntes por lo que a ti te haga falta,
podrás buscarme, aún si por dentro ya quedaste vacía.