Introducción

El poeta que bebe café sabe bien
que el único mejor aroma
entre la tinta y la taza
es el perfume de su amante.

-Rodrigo Villalobos F.

lunes, 22 de julio de 2013

A Los 21

Somos carne, más desconocidos y menos amigos,
somos como cuando niños: quisimos ser,
porque al llegar a la edad que compartimos,
somos tan desamorosos uno con otro aún.

Si fueras como querías serlo de quince,
estos seis años te sabrían a otro amor,
serías un poco más mía que de otro
y nuestro mundo sería ideal quizá.

Si fuera como quise serlo desde quince,
con seis años más tendría la oportunidad,
de escoger amarte más en lo cotidiano
y este mundo tal vez no fuera tan malo.

Somos dos heridos de muerte, dos más
que se suman a las víctimas del realismo,
porque ni me recuerdas como yo pido
y besarte yo, más ya no podré.

A los veintiuno se nos pierde la mirada,
no podemos reconocernos porque no queremos,
no hablamos de cuanto nos amamos,
no somos mejores con daños en los años.

domingo, 14 de julio de 2013

Amar Sin Ser Amado

Dime cuanto sabes tú, inocente flor,
de eso que llaman amar sin ser amado,
dímelo si sabes decir sin dolor,
que eso no es lo peor que has pasado,
mas ante tu respuesta cual sea,
yo si puedo darte por explicado,
que cuando otro hombre te vea
como yo no se dará por entregado.

A mí me viene dando igual
que el mundo hable de amor robado,
 o que perderte es cosa normal,
que en ti mi tiempo fue desperdiciado,
o que sólo amas con tal indiferencia
que tu cariño para mí fue demasiado.

Importa poco la mejor explicación
porque mi comportamiento enamorado
desconoce la insolente insatisfacción
de reprimirte cuanto pude haberte gustado.

No juzgues como el mundo lo hace,
si la vela del corazón me deja consumado,
encontrarás que para amar ninguno nace
y que sufrir me entierra a tu lado.

Si ser la sombra de tus amantes
me deja más lejos y sobrado,
es porque tus ojos apasionantes
pierden eco en mi piel sin haber notado
que mejor te verías a solas
conmigo si besarte hubiera intentado,
pues entre tu mar hay más olas
que las que un loco puede haberte pintado.

Y si para ser feliz otro encontraste
me da un gusto caballeroso sin agrado,
porque fuiste libre y lo disfrutaste,
yo también fui libre de haberte encontrado,
y también él fue libre y te tiene;
además fuimos libres de haber pecado,
porque aunque tu arena a besos suene,
con mis versos mejor hubiera sonado.

miércoles, 10 de julio de 2013

Y Fuimos Ajenos

Aún siendo ajenos
nos amamos en silencio,
queriendo amar a otros
teniéndonos a nosotros.

Aún siendo ajenos
nos dividimos la mirada,
sostenemos caricias
y rechazamos más citas.

Aún siendo ajenos
nos sentamos lejos,
sintiendo necesidad
del uno por el otro.

Aún siendo ajenos
me mientes un poco,
te ríes con temor
y sabemos que hay dolor.

Aún siendo ajenos
juntos no estamos,
las manos escondemos
y sólo de noche hablamos.

¿Cómo siendo amigos
los besos nos esperan,
los abrazos negamos
y decimos que fuimos ajenos?

¡Si ajenos tanto fuimos
ayer me hubieras amado,
hoy otro tendrías al lado
y de otra hubiera escrito!

Y fuimos ajenos
aún siendo amigos,
porque siendo pareja
jamás te hubiera enamorado...

Matinal De Mañana

Y despertarme primero
para despertar contigo
sin desvelo ni asedio,
y despertar mañana
sin despertarte en la espera
de verte yo primero,
y despertarme yo antes
esperando que despiertes
tus ojos dormidos aún,
y despertarnos juntos
sin despertar al lado
despertando de un sueño profundo,
y despiertan tus labios
primero despegando un beso
luego despertando a oscuras,
y despertar entre luces
de ojos abiertos
cerrando desesperados los brazos,
y despierto el mundo
y nosotros durmiendo todavía
nos despierta el amor.

jueves, 4 de julio de 2013

Una Dosis De Cera

Si se enfría es dura,
si se olvida es frágil,
si la dejas fluye y
si me amas arde...

Una dosis de cera es buena,
la correcta dosis crea amor,
es el aliciente más incandescente
de los actos más indecentes.

Son incidentes de buena cera
el amar sin ropa
y el treparte con la boca abierta
cuando apenas ves que toco la puerta.

Sintiéndonos lejos del mar
de compromisos de culpa,
somos armas blancas
dispuestas a ser francas.

Corre el azufre de la llama
y desaparece la parafina líquida,
entre los bordes de tu espalda
o el filo de tus piernas.

Es un calor el único sol
que acerca la noche
con la más fantasiosa ilusión,
siendo amigos tras la pasión.

La intensión sin más palabra
que la del grito ahogado
entre tu carne y mi tacto,
son arte de magia en el acto.

Tu cintura y ese encaje
son aguardiente y ceguera,
son agua de color
que adorna toda esa cera.

Una pieza de piso
y una cama son clima,
el mundo gira
y tu mirada me inclina.

Sufriste de espera, yo de placer,
las paredes de encanto
y la lluvia de excesivo celo,
para sentir frío el borde de tus manos.

Del espacio en blanco de tu tibieza
humea la vela lentamente
la textura de tu cara traviesa,
tersa me amas y mi pecho te siente.

El apagado incienso
que permanece en tu escote,
me hace pensar
que la presa del cuento se quiere vengar.

Si intentas de nuevo
la luna encender
y pierdes el juicio al beberme,
podrías de mí, un poco embriagar.

No vuelvas a oscuras,
ni quieras ocultar,
que bajo esas velas,
me volverás a desnudar...

miércoles, 3 de julio de 2013

Escorpio

Y sos el perfume de la flor,
el calor de la vela,
el brillo de una pluma
y la tinta de mi mano.

Lo sos por ser vos,
por querer como quiero,
por decir lo que callo,
por robarte mi sueño.

Sos la fe de mis versos,
queriendo como te quieran y
tras las madrugadas lejanas
sos la voz de este poeta.

domingo, 30 de junio de 2013

La Dama Que Llueve De Noche

La dama que llueve de noche,
camina mejor en lo oscuro,
discute de amores viejos
y escapa de citas tempranas.

Baila tangos en la neblina
cuando está tristísima,
pero se limita a cantar
cuando piensa en él otra vez.

Desnuda la boca de miedos
al sentirse tan sola
y provoca lágrimas de placer
a quien le roba un suspiro.

Se pervierte de fama
con un poco de ilusiones,
pero goza sus fantasías
con agua en la piel.

Viene del carnal paraíso
lleno de olvidada pasión,
y se dirige muy lejos
donde mi alma no ve.

Una sola vez la tuve cerca
y una sola vez me bastó,
tanta azúcar en su voz
hizo más frío mi corazón.

miércoles, 26 de junio de 2013

El Cloroformo

El cloroformo es un compuesto indispuesto,
arma terrorista para el descompuesto,
amor añadido en lo más vacío,
haciendo lo complicado poco más sencillo.

Es el suero del insolente insomnio,
la cura del placer con odio,
una apestosa y maliciosa formulita,
químicos de un sueño que no se quita.

El elixir de peligrosas mentes,
el terror de miradas antes indiferentes,
un cariño fallido y revivido,
ardiente filo sin tacto cálido.

El cloroformo es tu brazo puesto
en mi contorno al tuyo opuesto,
el alterado sigilo tan frío
de tu beso sin esperar al mío.

Es la combinación sin repudio
de nuestras caricias sin interludio ni preludio,
son rastros anestésicos de una cita
donde al vernos y amarnos nadie grita.

Ese hondo analgésico que miente
al no poder decirnos lo que se siente,
o aquella luna de miel con algún parecido
a querernos dormidos sin novios haber sido.

jueves, 20 de junio de 2013

Amarre

Quisiera algo más que sólo pretextos
ahora que sé que lees mis textos,
deseo intensamente tu atención
y ser la provocación de tu intensión,
mas desconfiado de que me llegues a amar
un segundo plan tuve que tramar.

Al contar con tanta impaciencia
las horas de tu helada indiferencia,
como de tus ausencias el augurio
de saber que lo mío no será tuyo,
encontré en la hechicería el escape
de un modo que mi obsesión te atrape.

En la astucia de tergiversar tu mundo
y que voltees a mí por más de un segundo,
se me prometió un apasionado amarre
el cual ninguno podrá hacer que se separe,
es una fórmula contra la razón de hombre
que incluye a tu fotografía y tu nombre.

Bastaría con una sola sesión espiritista
para que pienses que fue amor a primer vista,
si accediera yo a la segunda visita
hasta la peor enfermedad se nos quita,
para colmo de esta relación completar
se me informó que tu fidelidad la puedo comprar.

Habrás imaginado hasta donde puedes leer
que a punto estuve de ceder,
pero preferí tender una nueva alquimia:
buscar que con poesía seas mía,
entendí en tus ojos el aviso
de amarnos lento o hacerme caso omiso.

miércoles, 12 de junio de 2013

De Besos De Humo Y Pocas Palabras

Él no recuerda como enamorarse
y ella nunca ha sabido como,
él camina al borde del cariño
y ella sólo observa de lejos,
él casi logra olvidar al amor
y ella no entiende a su corazón,
es que él ya ha sufrido el mismo dolor
y ella no se atreve a sufrir un poco más.

Nostro, Tuyo & Mine

Chè hai tu che non guardo in altra gente?
/Solamente bene tu lo sai...
¿Hasta cuándo interés vas a demostrarme?
/¡Cómo en tus ojos caí!...
Only you can understand this moment!
/For now, a goodbye and a sight...

martes, 28 de mayo de 2013

La Pianista & El Lustrador

Eran la pianista y el lustrador, dos personas que trabajaban en el mismo lugar, ella adentro del teatro y él en las afueras y a la interperie. No eran tan distintos uno del otro mas no se conocían. Tenían años de verse el uno al otro previo a cualquiera de las funciones de música clásica, pero siempre los dividía una distancia prudente y un reloj sin admisión a una charla. Nunca habían palabras de por medio en aquellos encuentros y las miradas de ambos no se cruzaban jamás por el hado de los dioses.

En sus tiempos libres, el lustrador se acercaba al teatro por empleo adicional, pues uno de los dirigentes de danza interpretativa le preparaba las zapatillas que sus bailarinas usaron la noche anterior. Era un ritual de cada jueves en la parte trasera del teatro. El lustrador atendía con gusto y deleite su trabajo de par en par y por ello cobraba poco al dirigente artístico, el cual, invitaba confianza en sus mañanas juevídicas al hablar de sus experiencias personales con el lustrador. Casi siempre era el lustrador quien escuchaba y el que respondía con monosílabos a las exageradas y extravagantes vivencias del dirigente, pero le divertía pensar que a él también podría pasarle algo similar entre sus cotidianidades.

Por otro lado la pianista, era una joven mujer, con una vida casi normal a la de las muchachas de su edad, de no ser porque vivía sola, realmente pasaría desapercibida cualquier día de la semana  como una chica moderna nada más. Sin embargo su pasión por la música clásica la llevó al teatro donde daba interpretaciones magistrales de músicos como Mozart o Bach, dejando atrás los atavíos universitarios de los que dependía por las mañanas  y parte de las tardes. El mero placer de acariciar con sus dedos cada tecla del piano no era lo que sustentaba su supervivencia diaria, pues eran sus padres y una beca de estudios en ingeniería, quienes le ofrecían el sustento y la vivienda necesaria. Pero de cualquier forma terminaba obteniendo una décimo cuarta parte de las entradas a sus funciones y con eso era feliz, no por el dinero sino porque sabía que conmovía a alguien más que a ella misma con esas melodías.

Sabía el lustrador que si seguía enfocándose sólo en su trabajo, nunca mejoraría su condición de vida, sería algo que se reprendería a sí mismo en lo que le quedaba de existencia.

Sabía la pianista que si sus padres se enteraban de sus actividades en el teatro le reprenderían por no enfocarse totalmente en su carrera.

A diferencia de la pianista, el lustrador era un joven dedicado y entregado a su trabajo más que a sí mismo, no gozaba de tiempos libres ni de otras actividades que no fueran brindar brillo a botas, mocasines y tacones. Él labraba fervientemente y con gozo los colores más relucientes. Él se sentía conforme con lo que había logrado pero no se sentía de igual forma con hacerlo de la misma forma toda su vida, quería una casa propia, una familia y por lo menos ropa a su medida, ya que lo que lo arropaba era en su mayoría regalo de algún cliente conocido, alquilaba el mismo cuarto desde hacía años y lo más cerca que había tenido a una mujer era una compañera de primaria que lo tomaba de la mano en los recesos, sin contar a su fallecida madre con quien vivió hasta su pubertad y le abrazaba como recordándole que por ser su único hijo, era más madre que otras.

Mas a pesar de esas diferencias, el lustrador y la pianista tenían cosas más importantes en común. Ambos eran artistas, él con sus manos, ella con las suyas; el trabajo de uno dependía del otro, él permitiendo un lustroso paso a quienes visitaban el teatro y ella provocando la admiración en el conglomerado que llegaba al teatro. Y lo más insólito, el Amor, ese de respeto y admiración que llevaban las miradas de él hacia ella, y esa ternura comprensiva que deshojaba ella en sus ojos por él. Eran pares y pareja, sin saber que se tenían el uno al otro.

Y existe ese incómodo sentimiento de intentar amar, de querer amar, de saber a quien amar, pero no poder hacerlo, porque decirlo es fácil, pensarlo aún más, pero tener la oportunidad de expresarlo, duele no tenerla.

Mas fue en una mañana de jueves que las cosas cambiaron. La pianista tenía vacaciones en la universidad y decidió poner su tiempo libre en innecesarios ensayos. Entonces allí estaban el uno y el otro, compartiendo escena, sin verse. Tuvo la oportunidad el lustrador de hacer su trabajo, al lado del dirigente de danza, mientras que la pianista salía en ese momento a tomar un descanso. Para tan escasa presentación el dirigente apenas intercambio gesto de manos, un saludo de boca sin aliento y fue presa del sueño del encuentro de dos almas torturadas a la soledad.

La pianista ridiculizó el emotivo encuentro de ojos con el lustrador, haciendo de su cabello el escudo de sus sonrojadas mejías, así como el lustrador fingía la más grave de sus notas guturales mientras se le asomaba el timbre de niño alegre, con el más breve de los saludos a la pianista que tanto había querido encontrar sobre su rutina.

De pronto giró todo el mundo para ambos, nada pudo ser lo mismo desde ese saludo-despedida. El arte se apagó en las manos de cada uno y se encendió la ilusión de cariños sin compromisos.

Primero fue la pianista y luego el lustrador. Causa y efecto sin relación que atormentó a cada uno su corazón.

La pianista empezaba una noche de estelares interpretaciones, era una constelación de ambiciosas creaciones musicales, era amor en el aire. En cambio el público recibió a una novata de dedos quebradizos, barrocos aires descompasados y unas pausas sin excusa ni perdón al recuerdo de sus autores originales. La escena se repitió una vez y hasta diez. La pianista se alejó del teatro antes de que la corroyera el fracaso inédito y la despedida fue sin palabras ni papel.

El lustrador empezaba con unas botas en betún azul sobre un fondo café, era una noche de mucha luz, sin equívocos al color ni al tardío desafío de tacones rojos que terminaban negros en altos ángulos refregados, era una orquesta de desorientada determinación. La escena se repitió una vez y hasta diez. El lustrador se alejó del teatro antes de que lo alcanzara la mala fama y la pérdida de hasta el más frecuente cliente y la despedida fue sin palabras ni papel.

Al tiempo la pianista fue ingeniera y a su vez el lustrador un destacado trabajador de banca. La ingeniera y el trabajador de banca no se parecían mucho. Habían cumplido sus cometidos en la vida sin pedirlo. El amor es el final más bello del arte. El arte abraza en sus dedos con sustento pero sin fuerza siempre al amor, sabiendo que de enterarse el amor lo libre que es, escapará en cualquier momento oportuno o no.

La ingeniera visitó una agencia de banco, pidió hablar con el encargado de turno, el trabajador de banca le entrevistó directamente en su oficina. Ni él fue feliz ni ella salió satisfecha. Las personas que antes fueron presentadas como lustrador y pianista ahora eran sombras expectantes del beso exagerado de números y reclamos de una tarjeta de crédito con moras. Ella le tocó la mano al despedirse y el devolvió el gesto.

Si el amor fuera tacto nada más ahí mismo habría amor. Pero sólo se quedaron sepultados ahí: el mejor lustrador y la mejor pianista. Se murió el arte y con él, el amor. Ese es el éxito del destino para los dos.

«Engraxando», obra del artista brasileño JoÃo Bosco Campos.
Un especial agradecimiento a Nena G. Sara Inspirations por su original interpretación y unión de ideas.

El Confín Del Firmamento

Inevitablemente sale por las noches,
no tiene explicación ni significado
distinto del que acá quiero expresar,
anda despacio y sin compañía,
no intercambia sonrisas ni tristeza,
se oculta del azul del día.

Prefiere otros nombres más cortos,
le gusta también ser anónimo,
a veces goza de la feminidad
de hacerse llamar solamente "Noche",
pero es irrelevante el sustantivo
porque siempre esconde quien es.

No divaga entre los mortales
pero no es grato entre dioses,
se le niega con esa hermosura
ser alma del más bajo limbo,
pero dice no pertenecer a nada,
pues está presente sólo tras la luna.

Le gusta pasar de incógnito,
sentirse un sol a media noche,
cantar con la voz de los grillos,
bailar con el brillo de las estrellas,
agitarse entre el denso cosmos
y vivir en la pupila de estos mis ojos.

martes, 21 de mayo de 2013

Sin Título

Eres mi empate
El deseo que me embate,
El blanco de mi negro contraste,
¿Cómo es que desde ayer tanto me gustaste?

¿A qué jugaste?
¿Qué conjuro tú usaste?
¿Por qué dejas que tan cerca te trate?
A lo mejor quieres que tu amor también desate.

Me encanta coincidir
Con la ficción de tu filosofía yo vivir,
Sin prisas para dejar que vuelvas a enamorarte.

Y disfruto sin pedir,
De tu tan especial forma de sentir
Con la que invitas al poeta a poder besarte.

miércoles, 15 de mayo de 2013

No Necesitamos Exagerar

¿Qué y cuál problema?
no es por amor, no es por rimar,
ni por vivir, ni por amar,
tampoco por sentirse amado,
tampoco por amarte sin sentido,
menos por exagerar cariño...

Si no te he hablado,
no es exageración del destino,
es porque no me gusta exagerar
al saber que te podría amar.

Si no te he besado,
no es exageración mía,
es porque busco el momento
para lograrte enamorar.

Si con una mirada cruzada
y un suspiro al aire, exageras
con quererme conocer:
¡Aún me puedes seguir viendo!

Si con esperar mi voz
y un suspiro al aire, exageras
con quererme conocer:
¡Aún me puedes seguir esperando!

El problema es hermoso:
no es amor, no es rimar,
ni es vivir, ni es amar,
tampoco es amarme,
tampoco es amarte,
es que no necesitamos exagerar...

martes, 7 de mayo de 2013

A Última Vista

I

Conoce el Mundo al Amor,
pero el Amor nada del Mundo,
¡Porque como duele el Mundo,
cuando falta el Amor!
y ¿cuándo el Amor ha sufrido
por hallarse sin el Mundo?

II

Y más me duele verte
cuando a él lo ves,
sabiendo que lo ves
como a mí me viste;
quizá fue Amor a primera vista,
pero es la última que nos vemos.

III

En tu mundo, yo sé,
que puede tu amor vivir sin el mío,
pero mi amor, en cambio,
es un mundo que depende del tuyo;
al final verás que tu amor,
hasta que no me mate, me hará más fuerte.

Diario De Una Rutina Sin Ti

En el lento plazo de vida
que recoge cada minuto
sobre los amoríos sueltos
de esta mañana sin ti;

Puedo dibujar un puente
de cansado esfuerzo,
un cariño efímero
muriendo en tu piel,

y hasta el corazón devastado
que desato en tus manos
cuando trato de inventar
una rutina por tu ausencia.

Asusto los problemas
desde que te dejé,
entre la inusitada multitud
que te envolvió sin mí.

Duele el acierto y desacierto,
duele esa insegura tranquilidad
de querer sin querer,
duele y te ruego volver.

Todas las noches son idénticas:
tú, clavada en ese rincón
de incoherentes recuerdos
y yo en mi cama desvelado.

Te he buscado sin hallarte
y tú sin buscarme, ni un poquito,
me has tenido cerca,
entre risas y abrazos;

Mas no podré soportarlo más,
aunque por segundo nombre
no lleves el de "Fidelidad",
serás siempre mía...

...No digas jamás,
aún me amarás,
sé que podrás...
¿Por cuánto hoy te quedarás?

domingo, 5 de mayo de 2013

Para Que Te Quedaras Conmigo

Cada vez que nos despedíamos
gastábamos muchas más caricias
que horas juntos en siete días,
¡qué bello cuando nos despedíamos!

Me alegraba tanto verte sin horario,
no habían reglas ni distracciones
para los detalles sin ocasiones
¡qué daría por estar hoy en tu horario!

Gozaba la espera de tu mirada
cuando atendías con un beso
la felicidad de amarme sin tropiezo
¡y qué deleite era tu mirada!

Rogaba por tenerte conmigo,
te tuve y recorrí tus miedos,
me gané todo, hasta tus denuedos
¡pero no bastó para que te quedaras conmigo!

viernes, 22 de marzo de 2013

Promesas Sin Cumplir

      Era su boca la que sabía besar, era su cuerpo el que sabía dar calor al mío, era esa forma de tomarme la mano y dormir sobre mi pecho la que la volvía necesaria para mí. Ella era el mundo y yo su sol, en algún momento caminamos en lugar de tomar el transporte público, sólo para aferrarnos por más tiempo juntos, en alguno de esos días fue cuando decidimos vivir dormidos sin saber lo mucho que dolería despertar.

Esto lo cuento porque la noción del verano en sus ojos casi desaparece de mi mente, ya no retengo con certeza el sabor de sus labios y casi no duermo en el olvido de su nombre. La forma de su cabello contra la caricia del viento era un épico baile que enamoraba a quien lo veía. La melodía de su voz que casi se esfuma como lenta acaba la espuma de un cappucino, es cada vez menos insistente en mis pocos sueños.

Verla no puedo, amarla no puedo, tenerla no puedo y buscarla me da miedo. Ella en cambio, verme no quiere, amarme no quiere, tenerme no quiere y encontrarme le da miedo.

Enfermarme de ella no debo, caer en el vicio de obsesionarme tampoco; por ser yo el fanático que arde tras su recuerdo, soy quien mejor sufre y quien mejor agoniza. Pero me harté de ser víctima, hasta detesto el refugio de alejarla con mi cotidianidad y enfrentarla en mis cartas. He sido sincero pero no lo he gritado, por eso hoy hice algo distinto.

Le falté el respeto cuando tuve la oportunidad de ganarme su futuro, hoy encontré en mí el daño con el que siempre la ataqué. Le permití antes a mi alma limpiar el odio que me tenía, renuncié a mis ironías y me lancé intrépido y apasionado al tiempo perdido. Recorté en papel la lista de promesas sin cumplir que debí amarrar al anillo cuando la enamoré. Era una lista larga de imprevistos, de situaciones adversas y divertidas que me la traerían de vuelta; esas son cosas sencillas, bellos detalles que se leen entre nostalgia y sonrisas. Leyéndola me encontraba frente al espejo de la ventana de mi cuarto, de pronto el impulso de romperla me entró tras una rápida visa. Pero luego intuí con el primer arrugo del papel entre mi puño, que yo era el del problema, que siempre leía y comprendía todo con la prisa de la primera vez.

Con temor desdoblé el papel, no me lamenté de apretarla, me lamenté de mi mismo. Decidí cambiar todo en mí, todo para acercarme más a la persona de la que se enamoró ella. Me entretuve en cada palabra escrita, la dibujé en mi mente, saqué una esquiva mirada al reflejo de esa ventana y sabía que lo que prepararía no me haría feliz, pero la podría hacer feliz a ella.

Cumplí primero conmigo, me tocaba cumplir ahora con ella. Compré una docena de tulipanes, rápidamente cambié de opinión, eran 5 los años que llevaba sin verla así que preferí deshacerme de 7 flores ofreciéndoselas a una extraña. Mi itinerario me llevó después a solicitar aquellos boletos de viaje a París, tenía suerte de tener contactos que pudiesen ofrecerme tal cosa, un par de llamadas y era obvio que el favor lo di por hecho. Me faltaba algo, quizá eran aquellas libretas empolvadas y de paso aquel poemario que no deseaba entregar más que a ella desde hacia tres inviernos. Ese seco aire de abril no me dejaba pensar claro, faltaba algo aún, algo que todavía la hiciera más mía.

Retomé la hoja, la leía y sabía que me faltaba, un anillo, el compromiso hecho joya, una moneda sin cara ni escudo, el azar de ser cómplice de un amor que se jura hasta el final. Tenía nula la idea del lugar para conseguirlo, y estaba en blanco el borrador que tenía del estilo adecuado para el reencuentro que duraría toda la vida, (al menos eso esperaba y no menos).

Son tantas cosas por hacer, pensar en un anillo no es relevante me repetía mientras meditaba en conseguirlo con mucha más euforia. No quería detener la alegría de ese día, aunque fuera casi de noche, un amor así no debe haberla cambiado a pesar de mi ausencia. Pero tanto buscar me cobró factura: lo encontré.

Era una vieja relojería, ubicada en la profundidad de un centro comercial sin comercios abiertos. Fue propicio decidirme por él, el color de su piedra era un centro de enigmas, parecía negro, se observaba claramente azul y rayaba en lo verde con más detenimiento. Por fin oscureció, olvidé los gastos en una mujer luego de tanto reniego a mi economía y fallé a favor de Hipnos esperando el letargo de Morfeo sobre mi cama...

...No hubo mañana que celebrar, ni cianuro que sufrir. Todo era un lento aire en la cara que no enfriaba ni alentaba al calor. Yo nunca llegué a la cita de mi feliz amor, ni estacioné frente a la casa de esa bella mujer. Me quedé dormido sin poder despertar. Me sentí enfermo de no poder reaccionar.

No supe nada del sepultural fenómeno natural, ¿cómo iba a adivinar que antes de visitarla para que dejara todo por mí, la gentil mano de Tánatos, se llevaría de mi vida todo su porvenir?

Dejé para mi siguiente sueño la idea de mis promesas por fin cumplir. Acá en el halo del Limbo sólo mi nombre se escuchó, y que bajo los escombros del terremoto mi cuerpo se encontró. Que fui un poeta reprimido se anunció y que el tiempo, joven me reclamó al cielo. Si vieran que en este cielo no se descansa feliz, no le llamarían cielo, se llama pecado y por pecador contra la mujer de mi mejor amigo, éste infeliz este relato nunca escribió...

lunes, 18 de marzo de 2013

Historia De Una Página En Blanco

      Terminando una conversación telefónica, decidí alejarme del celular cuanto antes, no fuera que sonara de nuevo y el número tampoco fuera el que esperaba. Pronunciar esas palabras recias por segunda vez me retorcerían la voluntad, sé hasta donde puedo llegar, me conozco, mi límite estaba en esas frases de despedida: "Mañana hablamos de esto, es lo mejor para ambos. Buenas noches."

Avanzaba la luna sobre esa bóveda marina de estrellas. Mi pensamiento divagaba en los fragmentos de cariño que revivieron al enfrentarme a esa llamada. Me sentí víctima, un alma torturada por el desencanto de esa febril ocasión. Ella aún me gustaba y detestaba no poder demostrarlo. Me fascinaba el bailar de su voz en mi oído, yo la disfrutaba tanto como la sufría. Pero tanto divagar en el mismo tema me desgana y otra vez el sueño se le antoja a mi cuerpo cansado.

Fui a buscar un espacio en mi rutina, un frágil momento de desahogo, mi paz. Al llegar ese momento supe que estaba solo, que las palabras que pronuncié en aquella conversación fueron el desgarro de mis sentimientos y que no por ser hombre, debía contenerlos más. Así, solo lloré sin lágrimas, suspiré y tomé una hoja de papel en blanco. Era inmutable a primera vista, blanca, hasta inspiradora pensé.

La hoja permaneció tendida frente a mí, y también admiré con dolor sus defectos de fábrica. Fueron minutos u horas, desafié mi conciencia a perderse en la hermosura de la blanca hoja en lugar de canalizarla al tiempo que tenía antes de llegar al trabajo. Sabía que la hoja deseaba ser escrita y yo sabía que algo debía escribirle, pero no fue ese el momento oportuno.

En algún momento tuve que correr a la jornada que tenía por delante. La hoja siguió tan vacía como estaba, pero es lo que yo pensaba y no lo que realmente sucedió.

Varias veces luché en mis noches por dejar de soñar esos encuentros frenéticos y apasionados con mi ex novia. Borraba en cada amanecer los rastros de frustración que me provocaba ver mi cama tan vacía como la veía antes de dormir. Aquella última abordada a la comprensión que tuve no acabó bien y la culpa asomaba persistente.

Aún viviendo como vivía esos días y noches, sacando de mi maletín la misma hoja siempre que tenía tiempo y motivación de escribirle, no podía alejarme de los sueños o de los desvelos, sosteniendo el celular sin tener el placer entero de hacerle una llamada. No vi el cambio en mi rutina, no vi el milagro del tiempo obrando en mi ritual de sacar y meter la misma hoja de papel.

Hubo un día distinto a todos aquellos, avanzaba más el otoño que el verano, era un sábado en el que todo lo quise hacer sin prisas, pasear por el atrio de la parroquia y alejarme hasta el parque para ver si en esa ocasión podría transformar el silencio de ese papel blanco en algún verso que me la devolviera.

Al encontrar la solitaria banca bajo la oscura sombra de esos pinos y el extraño claro que se formaba de entre las hendiduras de sus ramas, extraje con apacible gozo la hoja. Esta vez era muy distinta, la podía leer, la podía escuchar casi. Ya no era blanca para mi, no era un papel más y no podía reconocer en ella el papiro original de hacia algunos meses. La observé con toda la atención que había dejado de darle, la volteaba y aún así mi asombro no cesaba, ¿cómo pudo perder su aspecto de perfección?

Noté sus bordes gastados, estaba erosionada por torpes dobleces en las esquinas, cubierta de polvo que era propio de su superficie ahora, con una textura de suave espesor y frágil movimiento a la vez. Ya no era blanca y limpia, más bien era pálida y densa al enderezarse contra el viento, de contrastes amarillos como dibujando un borde sepia donde el corte perdía su frontera.

La admiración fue intensa, pensé en la desatención de mi parte, en el tiempo que transcurrió desde que la saqué de mi maletín por primera vez; realmente habían avanzado las semanas y los meses. Sabía que mi mano sostenía como en otras veces la pluma contra el mar de miedo e inspiración que atropellaba el momento, pero sin más prisa la volví a poner en su lugar, esta vez ni siquiera pensé en mancharle.

Se me introdujo una sola idea sensata: guardarla. Imaginar que esta hoja había cumplido su cometido, así como mi último noviazgo. Algo debía aprender con mi desatención. Todo lo que ocurrió fue para enseñarme algo nuevo y que me ayudaría emocionalmente.

Quise evitar todo mi ambiente, el calor y el aire seco frotaban mi espalda, y era propicio acariciar el papel por más tiempo, de no ser por esos pasos. El andar pausado y vívido de unos zapatos con tacón. La curiosidad redireccionó mis ojos, separó mis manos de papel, revivió a este poeta sin canción. Ella entró en la escena menos esperada. Venía sola y con una desconcertada mirada, como descifrando al hombre que encontraba solo en el parque. Habló de estados de ánimo y saludos tímidos. Habló poco porque se notaba que prefería escuchar algo. Cuando yo tuve la oportunidad de expresarme, lo hice sin papel, lo hice luego de decir "hola", lo hice sin miedo a su reacción. Lo hice porque la amaba tanto como le amo hoy.

Separé mis labios de los suyos, aún más satisfecho por la forma en que me correspondió. Sabíamos ambos que era una cita para reconquistar el amor que perdíamos en medio de la monotonía. Sabíamos que empezábamos a hacer el arte de un óleo sin pintura.

Caminamos de regreso a casa, conociendo la debilidad de nuestra relación. Pero ella nunca se enteró de la prosa que plasmé en su ausencia, no vio como inspiró al blanco de aquella hoja. Incluso yo me perdí en el elixir de amante afortunado, dejé de lado el delgado lienzo cuando me alcé sobre la encantadora sonrisa de mi dama. No sé de su rumbo. Y aunque perdí el resultado de todos mis esfuerzos, estas frases no me devolverán la vida que gasté en silenciar los deseos grabados en aquel papel arrugado.