Introducción

El poeta que bebe café sabe bien
que el único mejor aroma
entre la tinta y la taza
es el perfume de su amante.

-Rodrigo Villalobos F.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Curas inmediatas que fueron recetadas por amigos (no por médicos)

I

"Vamos por un helado",
me decía,
yo me viciaba entre azúcares blandas,
pero lloraba con necedad.

"Llevame a un motel y se te olvida",
sugería con apasionado eufemismo,
yo me venía,
pero nada hablaba después.

"Solo un par de litros o una oferta",
así de fácil me convencían,
yo me emborrachaba,
pero estaba siempre irreconocible de mí.

II

Confieso que a la memoria nada la supera,
todos tragamos la sal de recuerdos malhabidos,
malqueridos y malditos por inoportunos.

No es posible siempre superar la realidad
con el silencio, los amigos y las recetas,
al son de música triste,
con sexo casual, caminatas largas y ficción,
ni con helado, polvos, tachas y guaros
la vida se traga sin masticar amargo...

Dejé de creer en los recursos bíblicos
y, hasta escucharme gritar, la soledad me dejó,
pero estoy dispuesto a otras curas probar,
hora tras hora, sabiendo que de nada servirán.

Inflexión

Y fue en ese punto
que entendí a quienes fueron mis parejas,
yo no me he querido
como me llegaron a querer a mí...

jueves, 23 de septiembre de 2021

Las nubes diferentes

Para Isamar

Si acaso te até muy fuerte
al sino de mis abrazos de trinchera,
fue por fe,
por pasión desbordada
y por el regalo que fue vivirte.

A oscuras o a poca luz
el pálpito sincronizado
se nos acurrucaba del labio al pecho,
y nunca te negaste
ni te dormiste tristeando.

Las fechas en las ciudades más ajenas
no te resultaban interesantes,
aquellas caminatas por las playas febriles
tampoco te importaron demasiado,
lo que querías era que lloviera a donde fuéramos,
que lloviera un jarabe de inmensidad...
te empecinabas siempre, hasta el cansancio,
en ver todo el mar en tus ojitos
aún cuando estábamos tan arriba
o aún cuando estábamos tan inmersos nadando.

El tejido derramado de tu voz,
las penumbras divertidas,
los licores en tus besos,
la arrogancia de sentirte feliz,
todos tus adornos para la calma
y todas tus almohadas para tu locura,
todo lo fui para ti,
te lo di
o te lo dejé.

A las fiestas de tu cabello y tu desnudez
nada les faltó ni les sobró
y cuando contaste los años sin mí
tampoco falta te hice realmente.

Entre estaciones, solsticios y equinoccios
las dimensiones del tiempo
parecen estrecharse como nunca antes...
porque cuando hayas decidido recordarme
lo habrás hecho franca
y por poemas destintados,
lágrimas secas,
manías malqueridas,
texturas casi muertas,
nervios antes del desayuno,
café a deshoras,
temas para aburrir,
programas de TV,
las frases más empolvadas
o los lienzos que susurran una profana proximidad
de mi manera cálida de mentir...
seguro que tú lo recordarás mejor...

Y más diferente te parecerá el negro océano,
así de diferentes las palabras en llamadas a larga distancia,
diferentes las veces que decidas tomar un taxi,
las ocasiones en que te pierdas bebiendo sin contar los tragos
y todas las fuerzas que te vuelvan al cuerpo
cuando halles nuevas estrellas
para contar desde una ventana de hotel...
porque así mismo
tú y yo nos vamos a querer tan diferente,
pero esto ya lo sabías antes que yo, ¿verdad?...
es que tan iguales como diferentes son las nubes
desde que nacen hasta que se mueven
este amor nos parecerá siempre una nube
aún si nos llegásemos a reencontrar...
solo dime, ¿de qué color la piensas pintar?

domingo, 12 de septiembre de 2021

Vorágine

Vos siempre querés amor...

Ya lo has probado,
lo has tenido,
te lo has robado,
lo has sentido,
te lo has untado,
pero, al final,
lo has dejado y ya.

Ya antes me lo habías preguntado
y te acordás,
sé que te acordás mejor que yo.

Soñás amor,
jugás al amor,
tragás amor,
mencionás al amor,
reclamás amor...

Ya olvidaste cuando interpretaste al amor,
se te olvidó la línea antes de los créditos
cuando por amor suplicabas en mayúsculas.

Pero, la situación es la misma,
vos siempre queriendo más de todo.

Te bebés el amor shot tras shot,
no sabés hacerlo de otra forma.
Una vez así, en plena intoxicación,
vi como casi te ahogabas de amor,
¿tampoco recordás eso?

A vos no te basta cuando lo tenés...

Insaciable sos,
porque, aunque lo transpirás,
aunque le has temido,
aunque lo salivás,
aunque le has gemido,
aunque lo llorás
y lo has perseguido,
se te sigue escapando.

Mejor decime, ¿qué se siente hacer de todo
y no ser amor,
que se te apague cada fuego,
que se te niegue de madrugada,
que no te lleve siquiera una flor,
que te cuelgue cada llamada?

Los dos sabemos que no te van a llamar "amor",
porque lo tuviste ya...
y le abriste la jaula para dejarlo volar.

Saludo para citas improvisadas a media mañana

¡Ay, compañía de mi vida,
alegría de mis ojos!
¿Cómo están esos latidos?

Si me invitaste a esta huida
y no traes manecillas para otros...

¿Acaso hay novedades o descuidos?

martes, 7 de septiembre de 2021

La suerte

Ver el hielo derretirse en la herida,
me recuerda tus conversaciones antes de la despedida.

Aquellos callejones de saliva
con sus aceras sangrando lágrimas calientes...
aquellas frases a medias
con gritos entrecortados deprisa...

Las vestiduras rasgándose
al son de la aletargada tormenta.
Todo lo puro e inamovible cediendo como granizo...
Y el llanto... ¡El maldito llanto!

Mismos temas, mismas trampas,
iguales mecanismos de defensa todos
con tal de postergar mi fama de póstumo olvido breve.

Y al venderle el sueño a los ratones de tu mente,
al jugar los dados como solo vos sabés,
al entrar el aire entre esas ventanas sin vidrio...
Solo quedo como la suerte... tu suerte...
Una malquerida suerte compartiendo hambre en tu casa.

viernes, 3 de septiembre de 2021

Perforación

De algunos tercos sueños he saltado
al surco de tus manos,
al juego de tu voz,
ya sin miedo.

Vimos pronta salida en la ceguera de los árboles,
cual profetas del daño que nos haríamos.

Ahora somos la tinta tirada al suelo
sin poro y sin perforación.

Solo tenemos la certeza que acá
pasaremos la noche, el día y la vida siguiente. 

Luz para amanecer

 Para Jessie


Otras veces pensé no tener la calma
o el carácter
o las palabras
para afrontar tales consecuencias.

Ponerle vela supe a otros barcos,
pero al tuyo no.

Cuando al fin te vi partir
me pareció el espectáculo más hermoso de mi historia,
era aquello un funeral vikingo sobre las aguas
mientras me negaba un solo parpadeo.

¡Mentí!
Y no hay peor mentira que esta.

Debí retenerte un poco más,
hacer agónica y algo trágica la partida,
dibujar más huellas en la arena de tu espalda,
quererte con más coraje,
besar tu pelo
o arrastrarme como animal moribundo.
Así como uno quiere la vida al calor de las hogueras.

Sin hogar para el llanto,
sin formas para el grito,
sin jardines para la culpa,
me quedé tibio mucho rato.

Los soles trazaron las mismas curvas en el techo
y yo continuaba callado y estúpido de mis decisiones,
como de mis intenciones.

Al reconocerme un retorcido ser
que ha sobrevivido a las estaciones sin daños exteriores,
pero herido por dentro,
me vuelvo al mismo lago,
y a tu recuerdo.

¡Qué iluso fui
queriendo hallarle calor a los relojes!

Entendí que mi consuelo no estuvo en tu silencio,
lo hallaba en tu piel sensible,
en tu música de la mañana
y en la rutina de la que tantas veces renegué como niño caprichoso.

Ahora esa paz asoma en el firmamento
y no es el sol;
debe ser el momento de bautizar esta luz lista para amanecer,
quizá con tu nombre
o el de tu madre,
quizá Catleya...
si lo mereciera, quizá Catleya...

miércoles, 11 de agosto de 2021

Leo

Para Leslie S.

Ya no debés recordar noches como aquella...
¿Qué tal una historia para surcar la penumbra
del olvido y sus placeres?

Hoy, sí hoy,
justo en las vísperas de tus ticinco (y cinco).

¿Ya te contaron que agosto fue antes el sexto mes?
¿Ya te contaron que en otra vida tuviste gitano amor?
¿Ya te contaron acaso lo que dice tu horóscopo hoy?

Pensaba en tus anversos y reversos
y caí en la engañosa forma de tu edad,
en los cálidos cursos de tu voz a solas conmigo
y en que ahorita no somos siquiera
tan felices como fuimos en aquellas horas.

¿Qué capricho te habrá hecho naufragar en fechas
junto al hijo de Equidna y Tifón?
Yo opino que tienes más de Cayo Octavio
que de felino en el mapa estelar.

Bien sabes que siempre hay algo por contarnos,
más allá de los labios.

¿Te han regalado poemas a esta hora?
¿Te han confundido con el sol de un verano?
¿Te han dicho que conservas a Régulo en esos ojos?

¿Podría acaso de otra forma festejarte
la alegría que despierta cuando siento por los dos
esto que callamos con los años desde lejos?

A veces no sé darle buenas respuestas
a tus manos nerviosas,
ni resolverte todos tus viernes huidizos
con tramas complicadas de verdades a medias;
me conoces demasiado bien,
yo termino dudando de todo...
Sin embargo, cuando se trata de ti
no tengo ni tiempo para suspiros,
ni estricta norma,
ni treintenas de agostos para rezar,
ni botellas de vino llenas.
Lo que sí me sobran,
son estas ganas por vos.

Y así será
hasta que se te antoje, de pronto,
dejar de soplar velas de cumpleaños,
por querer sueños colgar en otro cielo,
un cielo que no es el de hoy
ni como el que vimos juntos con tardía lluvia.

Así será...

miércoles, 7 de julio de 2021

Último rezo

Para Leslie S.

Yo sé muy bien, sin que lo cuentes,
que siempre traes contigo trazos desdibujados
desde la penumbra
o desde los poros de tu aroma.

Cuando tu cordura cede y acaba
el lienzo de tu mano tibia,
la lluvia helada,
incluso el vino seco en tu alfombra,
todo se ve más dócil,
más bello,
más enteramente tuyo.

Y es que tuyo ha sido lo que nunca dije
y lo que nunca te pedí permiso para hacer,
pero creo que ya no lamento para nada
hacerte pasar de nuevo por lo mismo,
una y otra y otra y otra vez.

Está de sobra menear palabras,
sentir la soledad,
agitar las manos a oscuras,
venderle tus orgasmos al juez sin ojos.
Te quedaría mejor voltear hacia acá,
lanzar un aullido de compañía,
reír sin temor
y llorar mientras nos besamos.

Que nadie te juzgue cuando no estés feliz
y, aunque no sea por nosotros dos,
grábate de amor un gesto,
escóndelo en tus bolsillos rotos,
desángralo con la memoria desnuda
y nómbralo como se te dé la gana.

Tú y yo somos piel,
destinos tiernamente arrastrados
desde un manojo de endulzadas lágrimas,
dos ángeles a punto de caer en blancos suspiros
hasta saborearnos dentro de un merecido y lento sueño.

Se van los ocasos y las auroras
y las luces avisan que me debes un rezo,
uno sin dios, ni templos,
un rezo dueño de nada.
Es algo más parecido a un susurro agradecido,
acaso el olvidado roce de nuestros cuerpos
con nuestras bocas tan cerca de nuevo.

Siempre supe que solo te quedaba este ruego,
por favor
no lo malgastes con esa mirada,
mejor escóndelo para otra cita sin mí,
para otros rostros y otras maneras de hacer el amor,
y así te recuerdes de cada detalle,
de cuando juntos calentamos un alba,
pidiéndole al fuego de nuestro sol sordo
que nunca, nunca,
lo nuestro se acabe.

martes, 24 de noviembre de 2020

Himno des-nacional

¡Guatemala infeliz que en tus aras
se ensangrienta feroz el verdugo!
Buscas cobardes que coman sin yugo​
y tiranos que orinen tu faz.

Sin mañana y sin suelo sagrado
nos profana invasión extranjera,
hay tinta sangre en miedosa bandera,
de mortaja a todos servirá.

Nuestros padres lucharon un día,
inculpados con remordimiento,
te arrancaron de un potro hambriento
y te alzaron trono con dolor.

Que dé la patria enérgico acento
al crimen que nos hunde al terror.

Es tu enseña un retazo de cielo
entre nubes de burlada albura.

Hoy tus hijos valientes y altivos
vemos gozo en la ruda pelea
y el torrente de sangre que humea
de la carne al vibrante chocar.

¡Ojalá ya no maten su vuelo
ni la CIA ni la política nacional,
y su cara levante sin miedos,
Guatemala, tu historia es fatal!

domingo, 22 de noviembre de 2020

El megaterio despertando al fin

I

Y hubo veces que la soñé,
sí... la soñé...

En esas veces,
muchas fueron las oportunidades
que tuvimos
para ser verdaderamente felices...
Hasta que llegó el hartazgo.

II

Mi terruño malgobernado
por amantes de lo ilícito,
pretenciosos hijos de un lujo ajeno,
también hijos de militares,
hijos de criollos o criollos de verdad,
hijos todos de otro lado,
¡pero todos hijos de puta!
Pretenciosos y pretendidos
por el ángel negro de la corrupción.

Los que al frente del gobierno llegaban,
tenían un fin antes que nuestra gente,
todos debían llenarse bolsillos y barriga
antes que darle de comer al pueblo,
antes que educar al pueblo,
antes que sanar al pueblo,
antes que cuidar al pueblo...
Antes que mi pueblo...
Todo primero,
antes que nuestra gente.

III

Siempre fueron de fácil acceso
las componendas,
los arreglos,
los compadrazgos,
las compra-ventas,
las deudas.
Las oportunidades de saqueo venían bien,
la política y el sinsentido adquisitivo,
respectivamente,
la primera sobre la lengua,
el segundo bajo la constitución.

Tierra de pocos,
dignidad para todos,
el narco ocupando candidaturas,
el juez dejando correr violencia,
el hijo de puta de siempre cada cuatro añitos.

IV

Mi vecino no vivió para contarlo,
mi padre y mi hermano tampoco,
ni mi mejor amiga,
ni su familia,
ni el que fuera campesino,
ni quien pensara como nosotros...
Por supuesto, yo tampoco...
Pero no alcanzaron a salir ilesos
ni limpios
ni vivos,
los que cagaron en nuestra democracia,
¡extinguimos a todos los de arriba!

La única sangre cálida que permeó perenne
y consiguió llegar hasta el nido del pájaro serpiente,
fue la nuestra.

Para entonces, ya era mi país un megaterio despertando.
Lento sí, pero grande y despertando
sobre lagartos rastreros...
¡Porque una nación que siempre tuvo mucho,
mereció siempre mucho!

domingo, 1 de noviembre de 2020

La excusa

En tus ojos hay otoño,
en los míos, desde el trópico,
solo otro noviembre despejado;
aún salvando esas distancias,
pensarte es esperar del viento un olvido,
algún sueño llovido de consuelo,
algo o alguien más que me pregunte por ti.

La jungla de aromas,
los rezos gritones,
los ritos aburridos,
la magia de luna,
las misas sin iglesia,
el descuido generalizado,
las puertas de un panteón de memorias,
los candados mentales,
las compañías familiares,
las vergüenzas de equivocarme nombrándote...
la soledad...

Al final de tanto recuento
de sangre y miedo,
la realidad me prevé de los colmillos del tiempo:
porque no fue un virus lo que te llevó,
no es la muerte sueño o pesadilla eterna,
la única verdad que cabe mencionar
es que fuiste un sorbo que me ahoga lentamente,
por capricho tal vez,
por remordimiento quizá,
por culpa tal vez,
por duelo quizá,
por rabia tal vez,
por lástima quizá,
porque sí... sí... siempre, sí...

Nos veremos en otra vida permeable,
a través de otros otoños
y otros ojos
que puede que no sean ojos;
socavando bravas palabras
ya sin cuestionarnos nada,
amando... solo amando.

sábado, 31 de octubre de 2020

Trascender

Querer partir sin decir adiós
en alguna lengua
debiera ser argot para el amor:
lo debe contar una memoria,
quizá los libros
o quizá la vida
        llegando al final
        te lo pueda susurrar...

Como secreto bien guardado
o como recompensa por molestar poco al prójimo,
la respuesta al sueño eterno
debe ser la quietud de la lástima,
aún en el dolor de roles transfigurados,
        la nicotina en extinción
        como último recurso.

Pero tengo claro que de las teorías más hermosas,
la mejor es la de la genética,
porque aguarda y teme y,
        sobre todo
        lo bueno y lo malo,
nos deja la lección de enfrentarnos menos solos
a la trascendencia.

lunes, 5 de octubre de 2020

Una mancha en la pared

Me encontraba en una de las mejores etapas de mi vida, aunque nunca llegué a sentirme amante de los lujos. Mi carrera de ingeniero apenas iniciaba, yo era todo un recién graduado; bien recuerdo que para ese entonces el único precio de mi éxito fue la pérdida de la mayoría de mis relaciones interpersonales: amigos, familiares cercanos y, de paso los lejanos, ahora estaban más lejos. A decir verdad, tenía muchos nuevos compañeros de trabajo en aquel tiempo, pero ninguno siquiera me llamaba por mi nombre, solo por mi apellido y, quisiera pensar que era por respeto y no por no saber nada de mí. Y de pareja, mejor ni hablar, que al respecto solo recuerdo bien que todas mis exparejas, seguían siendo eso, 'ex'.

La casa que solicité ver, aquella residencia de mis caprichos, con las comodidades mundanas del día a día, era una casa diseñada para demostrar independencia y virilidad a quien se acercara. Una trampa de dormitorios y salones de un solo nivel, la que me cobijaría solo por el gusto de mantenerme más cerca de mi área de labores. Esa casa toda estática en su sobria cara frontal, pero con el "aleph" arquitectónico de sus cimientos en su interior, fue la fortaleza que me hizo quien hasta hoy fui...

De aquella rareza construida entre la arboleda encallejonada de la carretera principal, conservo en la memoria cada espacio vacío, cada medida entre mueble y mueble, el olor a resina de pino cerca de las ventanas abiertas, la textura de sus pisos de cerámica a sobre uso y, sobre todo, el color de cada pared. Apenas destacaban otras cosas a mi vista por la perturbada fortuna que había vivido, pero la mancha en la pared que, según mi agente de bienes raíces, decoraba la habitación principal, se robaba en su mayoría mi atención. No eran las telarañas en el alto rincón del techado, ni las baldosas grises entremezcladas que doblegaban la belleza de los baños impecables en blanco, solo una diferida muestra del poder del cosmos asomándose en forma de mancha.

-Es una mancha pequeña -me sugestionaba a mí mismo cuando por las mañanas la veía como vigilante de mi sueño. Sentía esa necesidad constante de sugerirme que no crecía día con día. Pensé que era de un color que pudiera asociar con la humedad de la casa en el área, pero no funcionó mi teoría porque entre veranos e inviernos permanecía y mutaba su color y forma según fuera el caso.

Algo de vivo había en ella que, incluso con las visitas esporádicas, nadie se iba ajeno de comentar sobre ella, sobre lo que fuera que la causara o sobre lo que parecía causar por detenerse frente a ella. Tenía a este residente para mi consuelo, porque cuando me desvelaba algún proyecto que llevaba a mi casa desde la oficina, recubría mi espalda, expectante, casi como mi sombra.

Comencé a notar que era demasiado el tiempo que le compartía en solitario a la mancha de la habitación, y debió ser propicio que, para ese momento, me moría de sueño y cansancio sobrado. Mi cuerpo en reposo pedía auxilio y yo seguía sin atender al síntoma. Solo sé que al ya despreocuparme de la mancha fue cuando realmente me debió preocupar más.

Por las madrugadas en que mi mente surcaba entre textos y decisiones al cálculo, me pareció claro lo que la mancha tenía preparado para el reproche. Me sentí un extranjero en el cuarto, un virus amedrentando dentro de un puro y sacro templo, solo porque la veía detenidamente. Entonces, al ver la hora transcurrida tras los diálogos en mutis con la pared noté lo mal que estaba todo, sentía esa mancha tan grande como densa y mi piel erizada por un miedo inocente que me recordaba al que de niño me provocaba la oscuridad. La reacción más espeluznante fue sentir casi un alma humana respirando a través de ese muro, en esa ocasión quedé cautivado al ver las agujas del reloj en mi muñeca, me indicaban que estuve contemplando ese lienzo por más de cuatro horas consecutivas, yo apenas percibí que solo había perdido la concentración por unos pocos minutos.

Cierta ocasión hubo en que, animado por mi periodo de vacaciones, me sentí revitalizado, le di vueltas al asunto de la pared con cierto escepticismo y tuve que dejar de lado las dudas para buscar la razón de ser de esa anomalía arquitectónica. Busqué en el exterior el lado opuesto al que se suponía que debía dar la mancha, barrené profundo convencido en que la broca de concreto me daría indicios, pero no fue así, solo me entraron mayores dudas, parecía existir un hueco entre la construcción del exterior y el interior que daba a mi alcoba. Lamento confesar que fue cosa de un día todo ese ímpetu debido a que a la mañana siguiente con piocha en mano busqué el agujero barrenado de la tarde anterior y hallé intacta el área completa. De llamar a la compañía de bienes raíces o al dueño original, a quién le amortizaba aún las cuotas, nadie me iba a creer lo sucedido. Decidí deprimirme de nuevo, aceptando entre confusiones y suposiciones que algo no iba bien.

El resto apenas tuvo importancia. Primero creí más correcto separar el estudio de mi cuarto, así que me llevé libros y escritorio con luces fuertes al garaje que tenía desocupado para reuniones de jardín eventuales, esto dio espacio a dejar despejada en su totalidad toda la pared. Luego, decidí que lo mejor era dormir en el cuarto aledaño que era el de huéspedes, quizá más pequeño, pero me brindaba una paz que añoraba desde meses atrás. A la vez, le empecé a mostrar un religioso respeto a aquella pared cuando asomaba por ahí, como si existiera compañía para mí que al mismo tiempo repudiara tener que encontrar.

Aquella cosa se quedó sola en la habitación y si alguno preguntaba por 'eso' empecé a sostener que era un lugar para mis vocaciones artísticas, pero no dejaba que nadie entrara ahí; así la mancha, la concurrencia y yo aprendimos a guardar metros de distancia. Y jamás me gané la confianza ni la comodidad de cerrar la puerta, me sentía extorsionado al no mantenerle bien ventilado, la angustia era peor al tratar de conciliar el sueño sin estar seguro de que le dejaba de par en par la ventana y la puerta. A veces llovía, pero el agua no entraba ahí, así que comencé a reflexionar si la misma naturaleza evitaba relacionarse con aquello y qué razones había para esto.

Mi mente jugó a que, si le daba esta marcada sensación de vacío a la pared, la humedad o lo que fuera se iría desvaneciendo, no obstante, jamás vi que se redujera. Con el tiempo la empresa en la que laboraba decidió darme oportunidad en otro departamento, oportunamente cerca de mi antiguo hogar y de la gente que ya había dejado de frecuentar por más de año y meses.

Y no quisiera recordar más cómo era pasar la noche en ese lugar; por último, tenía pesadillas donde esa mancha reaparecía de a poco en la pared que tuviera más cerca. Me volví un paranoico con el asunto de crear salidas imaginarias a mi vista de ese espectro sin forma ni dimensión. Incluso el día que hice las maletas para la mudanza, aproveché para asegurarme de que esa habitación fuera la última en desocuparse (ya que empecé a dejar velas altas de cera frente a ‘eso’ como devoto fiel) y que fuera la última que pudiera ver al desnudo, fue incluso un alivio físico el que percibí al lograr salirme de aquel cuarto sin atreverme a darle mi espalda y con la cabeza un poco agachada, por reverencia y olvido tal vez, ahora creo que fue por miedo en el estado más puro.

El desembolso económico de aquella hazaña lo pude sortear con mi nuevo salario y gracias a mis estrategias de vida en solitario. Me convencía a diario que quienes estuvieron desinteresados y lejos de mí en aquel tiempo no merecían mi aprecio ni mis consideraciones, astucia que me permitió no gastar mucho en reuniones con familia, amigos o mujeres.

Con el pasar de los meses, me enteré que el primer dueño decidió tirar abajo la casa de aquella arboleda, construiría un nuevo complejo habitacional sobre las ruinas. Así que al saber de la noticia me sentí enfermo de nostalgia y viajé a las afueras de la ciudad solo para encontrar los restos de ripio con salvaje inexpresión. Preferí cuidar mis pasos sobre los escombros como recreando un modelo matemático de la posición original de cada ladrillo y block, admirando con mi vista las formas rebeldes del metal enrevesado de los antiguos balcones y cimientos. Hoy ahí estaba yo...

Me sentí parte importante de lo que ahí descansaba, hasta que de pronto me invadió la necesidad de curiosear por donde se suponía que estaba la mancha en la pared de la habitación. Volví a recobrar un aliento de ansiedad por conocer la verdad detrás de ese peculiar espectro, sentirlo a mi merced, como un coloso mitológico vencido por la gracia infantil de la inocencia.

Y entonces, tras unos minutos de exhaustiva búsqueda, ahí estaba, dándome la cara, esa mancha que tantas veces me imaginé más grande, ahora reducida a un trozo de empolvado retazo, entero, pero vencido ante la gravedad del mundo. Sentí de pronto caer el telón de la noche aun llegando yo antes del crepúsculo. Tersa a mi impulso de voltearla, la mancha era la que pululaba de miedo ahora, sabía que ella me reconocía ahora. Mi curiosidad pedía a gritos que le diera la vuelta para saber lo que era en realidad, pero al hacerlo, fue la realidad la que me golpeó. Y de pronto ya era de día y yo ya no estaba ahí.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Los caminantes

 “Trust your heart if the seas catch fire, live by love though the stars walk backward.”
e.e.cummings.

Piruetas de paca para encontrarse unos buenos Nike o Adidas. A medio uso, son fáciles de hallar a buen costo. Los Puma van bien para las caminatas largas y los Vans para el tráfico de la ciudad (incluso por aquello de los conciertos en viernes en la noche). Con el ruido y la mugre contrastan unos buenos Cat (me veo en la necesidad de aconsejar). Todos se usan y reúsan. Los Jordan van bien para el básquet y los ejercicios, pero ¿qué hay de las actividades que requieren mayor esfuerzo? Para matar o enamorarse nadie te va a recomendar marca o estilo. Yo quiero hacer un recordatorio, porque hubo vez que me contaron sobre esta anécdota (nuevamente la necesidad de mencionar lo que no debería)...

Bajo el arco de las estrellas gélidas de una madrugada triste, como las de abril o junio, iba una familia bajo el techo de los árboles avanzando a trote lento en la vereda. Fue una noche sin lluvia el preludio, pero por muy seco que hubieran deseado recorrer el camino, el rocío fue inminente, como inminente iba a ser el amanecer. El coro de variedad de aves desde lo alto de esos ramajes, contrastaba con la uniformidad de marca que llevaban en sus ropas y zapatos nuestros protagonistas. Sus pachones bien llenos y sus cordones bien atados presagiaban una experiencia como las acostumbradas: una excursión típica de familia citadina al campo abierto, entregados al aire libre y sus maravillas sin concreto.

A unos trescientos metros existían pisadas más cansadas, cuerpos más lejanos, gente que parecía de avance ligero a pesar de lo lento de sus siluetas. Dicha familia avanzaba cada vez más alterada en la oscurana, con el lodo acumulándose más y más en sus suelas y el ánimo cada vez más borroso por encontrarse con la foto que los premiara en algún certamen, de esos que se hacen en la ciudad.

Se asustaron los dos mayores (los progenitores), al ver cada vez más próximas las formas humanas de un grupo que los parecía triplicar en número, quienes sin apariencia de cansancio ni falta de ritmo se mezclaban mejor en el ritmo del bosque. Susurraron y prefirieron continuar, solo advirtiéndose el uno al otro con la mirada, resguardando a sus tres hijos delante y sugiriendo no voltear a ver ni preguntar.

¿Quién aparte de ellos podría andar a esas horas tempranas entre la maleza y aquellas tierras dignas de un bellísimo y selvático páramo extraviado de la civilización?

Tras el avance y unos quince minutos de marcha, se vieron alcanzados por escasos pasos y como es fiel tradición citadina tener temor al paso que se aproxima tanto en espacios pequeños, se tomaron de la mano todos y se pegaron a los troncos de la derecha. Rezaban mentalmente por que no se detuvieran aquellos espesos pasos que siempre les parecieron conocer mejor el área. Y así fue.

El grupo que les dio alcance iba uniformado también, ni titubearon ni se detuvieron junto a la pequeña familia citadina. Junto a su proximidad y rebaso por la izquierda llegó la salida del sol. Quienes les parecían asediar tenían rostros asediados, cansados, heridos, avergonzados. Sus trajes característicos constaban de atuendos multicolor y ordenados en trazos lineales y serpentinos, además, llevaban consigo unos caites de cuero y caucho que parecían levitar sobre el fango y las raíces, muy ligeros y casi sin mancha. A esta multitud le acompañaba una cantidad de murmuraciones en un idioma que era como piedritas desprendiéndose en una ladera. Los protagonistas empezaron a hacer más cortos sus pasos, observándolos cada vez más con mayor detenimiento, poniendo especial atención a los detalles que llevaban consigo.

La foto que consiguió aquella familia valió el susto de la persecución paranoica en aquella madrugada. Dentro de un marco muy bonito, dorado y estilizado de formas barrocas, se veía el desplazamiento de esa otra y numerosa familia indígena, llevando entre varios dos féretros de niño, la luz y el enfoque del amanecer permeaban entre los ramajes verdes y contrastaban perfectamente con los coloridos trajes de la región que usaban, sin embargo, resaltaba aquel andar de caites brevísimos al trote, a un paso tan suave que no arrastraban grava, solo dolor, como el de sus rostros cabizbajos, excepto por el de un señor con sombrero, quien lloraba frente al lente silenciosamente, en el plano más próximo por la izquierda. No entendían mucho de fotografía ni de lo que realmente ocurría en el momento en que sacaron la foto, pero estaban participando ya.

El padre de familia se llevó consigo el cheque del premio ganador y festejaron con una comida rápida en casa. Mientras tanto, en ese instante, el padre de familia que se robaba el primer plano de la foto, el único que no bajaba la mirada contra el obturador, perdía su último aliento; yaciendo, se iba recordando del día camino al entierro de sus dos hijos más pequeños, y que estaba por pedir respeto a un grupo de curiosos que arrojaban luces desde su cámara al verlos andar, se acordó que iba a mover sus labios, pero estaba seguro que aquellos no le entenderían, ni su idioma ni su dolor, un dolor más profundo que el que se lo llevaba ahora junto a sus hijos.

Canción sabinezca para noches sin vos

(Entrada cutre de cuerdas en distorsionado semitono
de autotune noventerísimo…
y empieza tras de sí
el fondo mecanizado de sonidos pregrabados sobreutilizados)

Yo con vos,
pero vos con nadie,
yo por vos,
pero vos por nadie…
en la Madrid,
la Madrid sin plaza,
la Madrid de media calle
que se cruza frente mi casa.
 
En esta mestiza urbe
latinoamericanizada a fuerza,
a fuerza de asfalto bachado,
de bache finamente enlazado
con catedrales rematadas
al fondo de calles
tan necesitadas y ausentadas
de aceras,
raíces fieras,
peleas de cantina.
¡Ahí, ahí mero!
 
Yo con vos,
pero vos con nadie,
yo por vos,
pero vos por nadie.
En el oxímoron ontológico
de vida bohemia,
con cerveza a la mano
y grasa de cacao
afuera, por los labios.
 
Clandestina feria de humo
al darte luna de miel
sin mí, en esa banquita,
en esa pileta de piedra,
como cortejo de antaño
entre tu gente
y mi humilde origen obrero.
 
¿Vos por qué?
¿Vos por quién?
Si vos conmigo
de verdad fuiste feliz,
vos la luz de mi candela
al frente de mi puerta
fueras la estelar actriz.
 
Pero sos revista,
mujer etérea,
pedacito de crema
escondida en la nevera.
Hoy por vos,
y vos por nadie,
pero a tu salud,
“¡Saluuuud!”,
gritamos los que audicionamos
por tus piernas.
 
(Flamenco desgastado y de mal gusto
con las guitarras descompuestas a lo pop austero
en tonos más altos,
y en tonos más bajos,
unos sampleos posmodernos de trap,
o mejor solo los sampleos,
feo, eos… de esos.)
 
Y yo por vos,
pero vos por nadie,
mientras voy con vos
y vos sin mí,
yo llevándote en el anda
de mi alma,
y vos llevándote
por la nada
y para nada
las pedradas aquellas
que acariciaron tu ventana
al mariachi encanto
de una serenata
como la de ayer de madrugada.
 
Yo con vos,
en mi madrileña calle
muriéndonos de hambre…
cayendo y sufriendo
por los baches, solos y ebrios…
vos olvidándote de todo
días después, despreciando mi invitación…
Yo por vos,
en nuevo look,
pero sin vos
ni voz,
ni sueño por la bulla del concierto improvisado…
Lueguito
y de madrugada
yo en la cárcel,
sin metáfora
ni más que cantaaar…
 
¡Yo con vos,
pero vos con nadie!...
¡Yo por vos,
pero vos por nadie!...
 
(Cierre en declive,
voces de un coro que manifiesta fiesta todavía,
en palmeo
con las caricias de un teclado electropop…
o cierre abrupto,
mejor solo el cierre abrupto…
como de Bon Jovi en It’s my life,
pero como que es Arjona imitando a Sabina
o banda sonora de película de animación
con pseudo-acción al margen de un “tun tun”.)

martes, 1 de septiembre de 2020

Trampa y juicio

Para Joselyn Isamar...

Juzga sin ver,
sin tocar ni beber de más,
si soy calmo, si soy raudo.

Río interno,
caldo de tripas de humano,
hombre por género y sexo convencional,
sin posmodernidad en los artículos,
ni portador de arma sobre el alma.

Si mis miembros fueran resuelta colisión
de polvo de estrella, errados y desnudos
igual sería varón, carne y huesos como tantos
(por elección y por azar).

Sigo subestimado, preso de mi temporalidad,
de la tradición desvinculada,
del corazón de una dama,
de las cicatrices de guerra y batalla
que mal librada por mis ancestros
se ha desperdigado y tergiversado.

Soy caballero si lo quiero,
si no, solo otro loco sin caballo ni carro,
que enamora sin pedir mucho a cambio.

Resuelto y sordo
de las opiniones y el sesgado
que las minorías malpensantes ofrecen,
me privo porque lo prefiero
y me exhibo porque tengo derecho,
y si te desnudara entre estas líneas
como la musa que sos,
sería machista de sobra,
romanticista de pluma y tinta,
amanerado sin pudor,
como cualquiera,
nada me haría distinto del montón.

¡Pero siento, existo y soy un vivo,
igual te muestro,
igual me arrastro a la rima,
al caos y al orden del sexo/texto!

Me seduce el cebo bajo la trampa
de ser un deseoso
de tener hembra de la noche/mañana
a la mañana/noche que se nos permita
(per semplice piacere y gana de los dos),
sin enfermarnos más de lo que ya nos enferma
este mundo globalizado,
idealizado,
capitalizado,
degenerado
y malgobernado.

¡Qué delicioso es comernos
sin señalarnos
como dos indiferentes hijos del cinismo
que realmente somos!

sábado, 25 de julio de 2020

Hilados breves

En el tejido,
dentro del encaje que te recubre,
bajo las tersas lanas de tu piel,
hay seda,
yo lo sé,
se siente...

Entrecortado sueño de canela,
forzada y ceñida a tu incitación
y no es que me invites,
es que no me das más opciones...

Suave, pero en misterioso rito,
las palabras correctas pronunciadas,
y tú y yo, como hilos breves/etéreos,
impropios,
arrancados de tajo,
uno sobre otro,
el otro debajo,
debajo...

Cortinas de algo desnudo,
acaso sábanas,
otrora aromas cálidos.

Zumo de noche, hilados breves.

miércoles, 24 de junio de 2020

Los incendios

Era el sexo aquel
nunca como siempre,
continuas orgías de flamas
superpuestas
una sobre de otra,
alguna bajo las demás.

Eran incendios de mediodía y medianoche,
aguijones desnudos de guerra.

Fue en aquel sexo
como siempre y ojalá nunca,
la orgía perpetua de llamas
dispuestas debajo,
a veces por encima,
todas sobradas de las demás.

Fueron incendios recios y tenues,
corazas vacías desbordantes de deseo.

Sería solo sexo acaso
las ocasionales oportunidades
en el interminable calor,
todas agotadas
en el medio de los cuerpos
como gotas de sudor/llanto necesario.