Introducción

El poeta que bebe café sabe bien
que el único mejor aroma
entre la tinta y la taza
es el perfume de su amante.

-Rodrigo Villalobos F.

miércoles, 7 de julio de 2021

Último rezo

Para Leslie S.

Yo sé muy bien, sin que lo cuentes,
que siempre traes contigo trazos desdibujados
desde la penumbra
o desde los poros de tu aroma.

Cuando tu cordura cede y acaba
el lienzo de tu mano tibia,
la lluvia helada,
incluso el vino seco en tu alfombra,
todo se ve más dócil,
más bello,
más enteramente tuyo.

Y es que tuyo ha sido lo que nunca dije
y lo que nunca te pedí permiso para hacer,
pero creo que ya no lamento para nada
hacerte pasar de nuevo por lo mismo,
una y otra y otra y otra vez.

Está de sobra menear palabras,
sentir la soledad,
agitar las manos a oscuras,
venderle tus orgasmos al juez sin ojos.
Te quedaría mejor voltear hacia acá,
lanzar un aullido de compañía,
reír sin temor
y llorar mientras nos besamos.

Que nadie te juzgue cuando no estés feliz
y, aunque no sea por nosotros dos,
grábate de amor un gesto,
escóndelo en tus bolsillos rotos,
desángralo con la memoria desnuda
y nómbralo como se te dé la gana.

Tú y yo somos piel,
destinos tiernamente arrastrados
desde un manojo de endulzadas lágrimas,
dos ángeles a punto de caer en blancos suspiros
hasta saborearnos dentro de un merecido y lento sueño.

Se van los ocasos y las auroras
y las luces avisan que me debes un rezo,
uno sin dios, ni templos,
un rezo dueño de nada.
Es algo más parecido a un susurro agradecido,
acaso el olvidado roce de nuestros cuerpos
con nuestras bocas tan cerca de nuevo.

Siempre supe que solo te quedaba este ruego,
por favor
no lo malgastes con esa mirada,
mejor escóndelo para otra cita sin mí,
para otros rostros y otras maneras de hacer el amor,
y así te recuerdes de cada detalle,
de cuando juntos calentamos un alba,
pidiéndole al fuego de nuestro sol sordo
que nunca, nunca,
lo nuestro se acabe.