Introducción

El poeta que bebe café sabe bien
que el único mejor aroma
entre la tinta y la taza
es el perfume de su amante.

-Rodrigo Villalobos F.

viernes, 10 de diciembre de 2021

A cuenta gotas

A cuenta gotas
saben mejor las penas,
el hambre,
las lágrimas,
la desesperación
y la voz silenciada de Dios.

Así como semillas
regadas por cada día del año,
se van ahogando bajo tierra,
esos duros vidrios indivisibles
de un dolor
que en lugar de dar flores,
espera paciente hacerse mina de suelo,
miseria triste
o canto de niño enfermo.

jueves, 9 de diciembre de 2021

De llegar tarde como forma de vida

Siempre que llego a la ventana
ya no hay fuegos artificiales ni estrellas sin nube.

Yo cada que alcanzo la puerta
sé que ha acabado el licor en otras gargantas.

La rutina me ha empujado
a dejar de esperar las fechas importantes.

No hay navidades ni cumpleaños
en los que oportuno resista la cita,
el festejo desmesurado
o comparta la algarabía de la puntualidad.

Es todo esto lo más parecido
a vivirme en el libertinaje pretencioso
a la que nos arroja la sociedad.

Mi infancia fotografiada desde mi cabeza
siempre resulta agredida
por la tormenta de mis alegrías efímeras.

Y es todo así,
todo tardío,
sin prisa
y presuntamente feliz...

Sé entenderme a solas,
como una telaraña alojada en la esquina
de los cuadros de memoria mal contada,
casi borrosa,
queriendo hacer fiesta
donde solo hay cenas sin vela
y sin luz
y sin vos detrás/delante/debajo de mí.

Porque sí,
otra vez llegué tarde, perdón...

Arañas de Schrödinger

Cada mañana me levanto
y encuentro una;
a veces en la pared,
otrora colgando del techo.

Al sonar la alarma
me encuentro telas a medio tejer
o lianas de un solo hilo
y no sé si son las mismas o son otras.

Relojes de ocho manecillas
rondando mis pisos y mis libreras,
¿se cansarán como yo
o aprenderán algo estando conmigo?

Entre la incertidumbre
de hacerme dios o muerte
las he dejado de contar,
pero, ¿qué contarán ellas de mí?

¿Por qué matarla o por qué dejarle vivir?
¿Por qué ser yo el juez y el verdugo?
¿Por qué pensar que viéndole
aquel arácnido me devolvería la mirada?

No entiendo cómo jodidos,
consiguiendo torpemente nada,
sin telaraña finalizada o mordedura hecha,
tanto insisten en el mismo sitio... mi sitio.

Alguna vez las imaginé ángeles,
pero igual les di final,
sin ponerme a pensar en las consecuencias
o en el círculo vicioso de seguirlas hallando.

En esa rutina de no obtener respuesta
ni de ellas ni de su destino,
sigo sintiendo dentro el deber de acabarlas
como primera actividad diurna.

Y ahí voy de nuevo,
sin la certeza de si esta o aquella
será la última
o quizá todas siempre son la misma araña.