Introducción

El poeta que bebe café sabe bien
que el único mejor aroma
entre la tinta y la taza
es el perfume de su amante.

-Rodrigo Villalobos F.

domingo, 11 de agosto de 2019

Como Ahora

Nunca había tenido así las ganas de decirlo yo
como ahora.
Nunca había tenido tantas ganas de hacerlo
como ahora.
Nunca había tenido ni mismas intenciones
como ahora.
Nunca había tenido alguna oportunidad
como ahora.
Nunca había tenido un ímpetu
como ahora.
Nunca había tenido algo
como ahora.

Como ahora que estás,
que te quedás,
que te callás,
que hablás
que sos,
estás
y te vas,
pero volvés...
Como ahora
que es ahora.

jueves, 8 de agosto de 2019

Nevas

La nieve que se deshiela
de las frenéticas noches de montaña,
de tus pómulos tersos,
de tus secos deseos temerosos de todo.

La nieve que atraviesa
las arenas densas del verano,
desde tu espalda, desde tu abdomen.

La nieve primaveral,
sedienta por ser sed de vida, de agua.

La nieve es aire condensado,
partícula cristalina quieta, pero impaciente
por jugar a dejarse caer en mis ramas/hojas.

Tu nieve que fuera la mía,
desde tu mirada inerte de emociones,
esperando que fuera yo primero quien le derrita,
y yo, sintiendo que aunque fría, quemas.

jueves, 4 de julio de 2019

Por Maquillar La Noche

Maullidos en celo
durante noches de verano,
con el verdor oscuro del patio
extendiéndose hacia la orilla del parque.

Todo a oscuras,
entre figuras blanquecinas
contorneadas de claro lunar con nubes espejo.

Dos figuras amatorias
de fondo profundo al sur de los sueños.

Hambrientas bocanadas
de pasión contenida se jactan caricias
maquillando de sexo la banca noche tras noche.

Por pintarle estrellas
a la temprana oscurana sin autoridad,
los cuerpos despreocupados, de a poco se irán.

¿A dónde se van
aquellos juegos de caricias a medio ruego?

Se van a la cama,
se van húmedos de la boca,
de piernas también, sudando las sábanas.

Sorbiendo sus dedos
entre su piscina de miedos,
entre su miedo a ser vistos y reconocidos,
afligidos maquillan la felicidad que no hallan de día.

jueves, 6 de junio de 2019

Afuera del escenario

Sola, tras el toque del tabaco exhalado con las ampollas en las manos y el pegajoso sudor aún tibio; se debatía si acaso al no tener responsabilidades para la mañana siguiente, ¿haría bien en volver adentro y servirse otra cerveza fría para sudar después? Trataba de reflexionar consigo misma en la ligera borrachera.

Sabía como de costumbre que era mejor llegar a escena un poco tomada, sin exceso, solo para tomar valor ante el público, hoy no fue la excepción. Pasaron los minutos y vio salir a otros bateristas, otros guitarristas y otros trovadores de voz desgarrada.

-Si van a premiar, que sea pronto -se dijo para sí y dándole el último jalón al cigarrillo.

Tomó valor para lo que quedaba de noche, valor y convencimiento para la siguiente resaca. Terminó tomándose de la mano de algún muchacho de pelo largo, de los que abundaban, de esos que frecuentan con droga barata estos eventos.

Se fue con premura del ojo público por el éxtasis del pubis juvenil, abatida de sueño y cervezas. Despertó, justo a un par de calles y consultando su reloj de Hello Kitty con las batacas y los botines de tacón corrido desordenados a sus pies. Reloj que le recordaba la última Navidad junto a su madre y batacas que le recordaban su enfado de hace unas horas con su padre antes de salir de casa. Pensó en no renunciar a pesar de lo mal que tocó la banda esa tarde. Había tiempo para volver a la premiación todavía, así que dejó tendido a un lado a su falo de turno.

Al entrar de nuevo no reconoció a nadie. No había ningún rastro de los que habían estado hace unas horas con ella en el escenario. Se sujetó el pelo con cola de caballo, disimulando serena determinación, mientras atenta buscaba rostros como los del Huesos, el Jairito y el Tripasuelta.

La tarima ya se iluminaba entre la oscurana y se presagiaba a los ganadores de aquella velada musical con guturales gritos y estruendos metálicos; todos expectantes y de uniformados tonos negros.

Las llamadas al tercer y segundo lugar fueron breves, pero al oír nombrar a Plastic Roses como ganadores se supo sola empezando aquella madrugada. Subió batacas en mano y en alto, apenas se asomó al micrófono soltó un seco "gracias" eruptando. La paga fue buena y directo a sus manos en su totalidad, situación que sí le sacó una sonrisa tonta y no el hedor a licor que emanaba con los aplausos como de su boca.

-De seguro deben estar en el baño- se convenció todavía; imaginando a los otros tres ebrios y vomitados al mismo tiempo o en camas de mujeres vestidas como ella, tal y como siempre pasaba en cada uno de estos conciertos.

Salió de nuevo, tras el toque del tabaco exhalado con las ampollas en las manos y el pegajoso sudor ya menos tibio. Ahora había hombres peleándose por ella, mientras tanto, ella disimuladamente se quitaba el reloj sin ver la hora y lo guardaba en su chaqueta. Sonreía tontamente y adrede esta vez mientras se acercaba a ver los golpes de cerca. Sería la última vez que se oiría de Plastic Roses y de la florecita rockera con adornos de Hello Kitty.

lunes, 27 de mayo de 2019

La Sopa De Cerditos

Aquel lobo hambriento salivando bajaba por aquella chimenea de ladrillo. Abajo su nariz percibía los condimentos para el caldo de la cena de los tres cerditos. Una pata mal puesta en las baldosas lo hizo caer de cabeza, contusiones aparte empezó a hervir junto a los restos y las sobras sin que aquellos tres hermanos lo supieran.

Durante la cena hablaron de lo difícil que había sido librarse del lobo con pulmones de acero, engulleron más de la mitad de su sopita y pensaron en cuán orgulloso estaría su padre de haberse enterado cómo sobrevivieron a un depredador canino tan voraz e insistente como el de ese día.

A la mañana siguiente lavando la cristalería, la vajilla y la olla, supieron reconocer al mismo tiempo los tres, que se hallaban los harapos del sombrerito del lobo flotando y, más abajo, el pelo del canino que sazonó su última cena.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Una Bella Dormilona

En aquella penumbra de la habitación, a falta de limpieza, ahí tras cortinas de telaraña iba abriéndose paso el príncipe de tierras de dudoso feudo. Él la besa sin saber cuántos años lleva dormida. Ella empieza a despertar mientras se asoma el sol por la ventana. Los años llegan sobre la piel de la joven que yacía en coma. Alcanza a reconocer a su salvador, pero no a maldecirlo. Tan pronto como pasa la luz naranja del amanecer hacia la turbulenta atmósfera del dormitorio, le ha sobrevenido el inminente infarto a aquella belleza femenina con más años del que el sueño le hubiera seguido dando.

viernes, 17 de mayo de 2019

Silbidos

Participé en el asalto. Silbaban las balas, a veces arriba, a veces a la derecha. Volaban vidrios por el lugar y la sangre saltaba fuera de sus tuberías. Silbaban las balas, ahora atrás, a la izquierda y atrás. Yo disparé. Si me aferraba al gatillo era porque las balas ahora estaban cerca, abajo, dos pisos abajo y luego por la puerta donde quería salir. Les dije a todos que yo los pensaba sacar ilesos, sabían que les mentía y aún así disparaban por mi ideal.

Participamos todos y todos corrimos hacia la muerte, la arrastramos con nosotros como se arrastran las sombras, como se encara el miedo a dormir y amanecer orinado. Silbaban cada vez menos las balas. Cada vez era menor el miedo en sus caras, quizá porque los tumbados ya habían leído en los diarios de la semana de casos como el de hoy.

Se acabaron los casquillos cayendo, las balas silbando. Entonces llegaron las sirenas con socorristas, las mantas para tapar las caras. Y después de la limpia de víctimas sobre la plaza financiera, emergí yo. Un poco más delgado, un poco más callado. Creyeron caídos a todos y aún así me salvé. Pasado mañana hallaré otros amigos a quienes compartir de los silbidos que recibimos todos hoy, y de cuánto me gustaría llevarlos conmigo a otra portada en el diario, ora como anónimos autores otrora como famosos cadáveres que silbaban fuerte en carne ajena.

Hoy fueron mil doscientos quetzales, pasado mañana con algo más de suerte quién sabe cuánto y con quiénes.

domingo, 10 de marzo de 2019

Dedicado A Tus Morenos Desamores

Incomprendido y embellecido oximorón moreno,
tu carne es cuerpo escapando de lo tangible,
una caricia laberíntica
de auxilio amoroso.

Tienes delante
todo el deseo,
toda alegría por compartir,
por sentir un calor
que no fuera solo el tuyo
o la tela del arrullo travieso.

Evocas el capricho tenso y rebelde
de rendirte a quien entienda
siquiera la receta
de tu boca al fundido tacto sentimental.

Sos retazo de tanta entrega
y se te olvida
cuánto detrás has dejado:
el rastro de aroma a ternura,
llanto/gemido,
sueños...
Desamorosos sueños...
Dueños de ti,
has olvidado, ¿de quién ya te adueñaste?
Acaso de mí...
¿De quién o de cuántos también?

Recuerda que el lado izquierdo,
por sí solo,
sabe latir distinto.

La Sonrisa De Jessy...

Desde nuestro encuentro
no cambiaste
ni el color de mudada
ni el tinte de pelo
ni la sangre debajo de los labios
ni los rasguños de la universidad
ni las escamas
ni la sonrisa cómplice.

Te he escuchado de lejos
reír con otros
y soñar despierta sin almohada
ni antojo de nadie.

Sos la misma,
sos cábala,
sol en la piel aún en la oscurana.

Y tu sonrisa, que para todos parece oculta
aún cuando sigues
a carcajadas en tu mundo,
yo sé que te la guardas
entre esos ojitos achinados
y tu look de Hayley Williams,
antes y después de tus cursos,
como soundtrack
de cine gringo a lo Tarantino
(buscando espacio/sangre
y razones para no querer conocerme otra vez).

miércoles, 13 de febrero de 2019

Bécquer preguntando...

Se estaba Bécquer preguntando,
si acaso poesía eras tú...
¿qué era el amor?

Y tú le respondías:
"El amor es el signo del vencido,
la derrota es la bandera del amante,
pues quien ama ha saboreado el fracaso
de aceptarlo todo y darlo todo
por un solo y reducido momento,
cerca, cerca del ser amado"...

martes, 22 de enero de 2019

Con mi guitarra

Con mi guitarreo (eo, eo)
soy un bardo,
lobo que aúlla melódicamente,
coyote de loma sin nombre,
trovador medieval con tenis Nike,
y hago loas con cerveza.

He vencido (ido)
a otros lamentos con los míos,
lamentos heridos
del corazón de'ste bonito
y curvo cajón.

Canto porque no bailo
y no bailo porque bebo,
y los charangos (charangueos)
me salen todos naturales.

La garganta que me dota
no es de vikingo
ni de Homero
ni de mariscal de campo
por eso cubro mi carencia
con seis cuerdas lloronas
y unos tragos al momento
y sin hielo (eo, eo).

Yo troto mi guitarra
y mi guitarra triste
trota al paso
que le impone una canción
que sola se desviste.

Yo no sé si fuera (ea, ea)
su madera
siempre nueva (ea, ea)
sonaría tan bien acaso
como lo hace hoy (paso, paso).

Al tango encanto
de altibajos
he ganado más monedas
con mis lagrimeos de cuerda sonoro
que si fuera esto un fusil
de pólvora y cañón.

¿Será entonces
que las guitarras todas (odas)
tienen voz
para enjaular malos amores
y la humildad para liberar
al más inquieto aprieto
de unas manos mudas
de dolor y de pasión, corazón?