Introducción

El poeta que bebe café sabe bien
que el único mejor aroma
entre la tinta y la taza
es el perfume de su amante.

-Rodrigo Villalobos F.

jueves, 9 de diciembre de 2021

Arañas de Schrödinger

Cada mañana me levanto
y encuentro una;
a veces en la pared,
otrora colgando del techo.

Al sonar la alarma
me encuentro telas a medio tejer
o lianas de un solo hilo
y no sé si son las mismas o son otras.

Relojes de ocho manecillas
rondando mis pisos y mis libreras,
¿se cansarán como yo
o aprenderán algo estando conmigo?

Entre la incertidumbre
de hacerme dios o muerte
las he dejado de contar,
pero, ¿qué contarán ellas de mí?

¿Por qué matarla o por qué dejarle vivir?
¿Por qué ser yo el juez y el verdugo?
¿Por qué pensar que viéndole
aquel arácnido me devolvería la mirada?

No entiendo cómo jodidos,
consiguiendo torpemente nada,
sin telaraña finalizada o mordedura hecha,
tanto insisten en el mismo sitio... mi sitio.

Alguna vez las imaginé ángeles,
pero igual les di final,
sin ponerme a pensar en las consecuencias
o en el círculo vicioso de seguirlas hallando.

En esa rutina de no obtener respuesta
ni de ellas ni de su destino,
sigo sintiendo dentro el deber de acabarlas
como primera actividad diurna.

Y ahí voy de nuevo,
sin la certeza de si esta o aquella
será la última
o quizá todas siempre son la misma araña.

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